Empezamos un nuevo año que sigue en la línea del sobresalto continuo, tormenta perfecta, en lo político en lo económico y en lo social. Lo último lo hemos visto desde el Hospital de las Cinco Llagas, en pleno barrio de la Macarena en Sevilla, donde hemos asistido a la caída del régimen socialista, tras cuarenta años de poder incontestable en la Bética. Sólo la dictadura franquista ha sido capaz de igualarlos en longevidad.

Todo un reto y una oportunidad para Andalucía y para España.

Un canto de esperanza de millones de andaluces que esperan un cambio efectivo en las políticas públicas y un verdadero empoderamiento con una sociedad civil que impulse y desarrolle el enorme potencial de una tierra sometida durante mucho tiempo bajo el yugo del totalitarismo ideológico.

Con el Sanchismo en pleno apogeo, asistimos a la ruptura de los últimos vínculos con la otrora todopoderosa socialdemocracia que hacía de la moderación su baluarte electoral.

Los españoles de todos los hemisferios seguimos con preocupación creciente la deriva totalitaria de un dirigente inmerso en un proyecto personal, para mayor gloria de aquellos que lideraron la revolución ideológica en Suresnes, llevando a un partido de izquierda desde la clandestinidad al Gobierno de España.

Nostalgia de aquel PSOE que se sumó a la modernidad para reforzar ese proyecto colectivo que hizo de la Transición un modelo estudiado y envidiado en todo el mundo.

Rehén de sus incongruencias y de las continuas cesiones a quienes le llevan en su particular silla gestatoria, Sanchez despliega su estrategia sin importarle el precio.

El precio para su partido y el precio para todos los españoles, especialmente tras la presentación de los que han sido denominados “Presupuestos de la vergüenza”.

Gobernando a golpe de Decreto y con el mando a distancia desde sus tan solicitados transportes aéreos, este émulo del ZPSOE está generando una verdadera tormenta perfecta. Una ciclogénesis política, social y económica pasando olímpicamente de las luces rojas que han vuelto a saltar las señales de alarma.

El problema del Sanchismo con su anclaje ideológico en el nacional-populismo, es que al igual que el socialismo, vende soluciones salvíficas para generar riqueza e igualdad y consigue más pobreza y desigualdad, especialmente si su política económica la dirige un alumno aventajado de la economía planificada.

Y es que la cuarta economía de la eurozona, la misma que asombró a propios y extraños con las Reformas del Partido Popular para salir de la crisis en un tiempo récord y encarar una sólida recuperación, puede volver a caer en los errores del ZPSOE que tanto nos costaron, al hacer caso omiso de las advertencias.

La Eurozona sigue dando señales de desaceleración y ante ello Sanchez presenta unos presupuestos con unos ingresos ficticios y una política de gasto a la que la UE ha sacado la tarjeta roja.

No se puede volver a gastar lo que no tenemos, ni gastar más de lo que se ingresa y menos aún, fiarlo todo a una política confiscatoria. Porque el aumento del gasto público lo pagarán las clases medias, los autónomos y las pymes. Un descalabro que lastra a quienes generan el 80% del empleo en España.

En España y en nuestra tierra, ya que  suponen una subida de impuestos y no recogen el cambio del sistema de financiación del que tanto alardeaban.

Sánchez nos utiliza como moneda de cambio, vaciando los bolsillos de los valencianos con 2.600 millones € por la subida de impuestos. Por otra parte, tras esa subida del 60% en la inversión, se esconde el filibusterismo presupuestario de un Gobierno rendido a las exigencias del independentismo, a costa de todos los españoles.

Unos presupuestos sectarios e ideológicos, ideados para pagar la factura vergonzante del alquiler de la Moncloa y contrarios a lo que la realidad del momento nos demanda. Una tormenta perfecta con efectos devastadores sobre nuestra economía.