La superioridad moral de la izquierda

Enrique Arias Vega, colaborador en Valencia News. Inmigrantes e inmigrantesEnrique Arias Vega, colaborador en Valencia News. Inmigrantes e inmigrantes

Entiendo perfectamente el desconcierto de la concejal madrileña Rita Maestre, cuando un grupo de manteros irrumpió en una conferencia suya, increpándola al grito de “¡fascista!”. ¿Cómo se atrevieron a boicotearla e insultarla siendo ella presuntamente de izquierdas?

Es que, no lo olvidemos, hay una izquierda que no sólo tiene siempre razón, sino que lo que hace es bueno y saludable para los demás, aunque ellos a veces no lo comprendan. Ésa es su gran ventaja sobre todos los otros grupos políticos, defensores de intereses particulares, espurios y contrarios al progreso de la humanidad.

Por eso, cuando individuos que se reclaman de dicha ideología atacan, acosan o impiden actuaciones de lo que ellos consideran derecha —ellos son siempre quienes dictaminan qué es cada uno— no hacen nada malo, sino ejercer su legítima “libertad de expresión” contra la “provocación” de los enemigos del pueblo, en abstracto.

Da lo mismo que se trate de una conferencia de Felipe González o de Albert Rivera, de una manifestación en defensa de las víctimas de ETA o de un acto de Vox. Con su intimidación —y ya no hablo de la violencia— nos están haciendo un favor a los demás, librándonos de la perturbadora prédica y de la acción que se opone a la verdad, la bondad y la justicia.

La legitimación y la satisfacción moral de esa sedicente izquierda me retrotraen a la de los inquisidores religiosos de antaño —o a los fundamentalistas del Islam en la actualidad— cuando perseguían herejes, ejecutaban actos de fe o exigían limpieza de sangre.

A esos activistas ideológicos de ahora, que sólo buscan nuestro bien, pobrecitos, no hay que criticarles, impedirles que nos exorcicen ni exigirles responsabilidades por ello. Bastante hacen con tener razón y dedicarnos su desvelo muy a nuestro pesar.