Rutina y Soledad. Opinión semanal en Valencia News de Ferran Gil.

Uno de los numerosos efectos colaterales que nos ha creado la triste pandemia de la Covid, eso si, ya no de los menos lesivos sino que incluso saludable, ha sido el tiempo para pensar y reflexionar.

Aunque reconozco que personalmente lo primero que ocupo mi espacio en la mente, entre los altibajos propios de la situación que pasaban de desesperantes a esperanzadores, fue el recuerdo en forma de memoria de mis tiempos de crecimiento, infancia y adolescencia. Colegio, juegos, pandillas, primeras relaciones, etc ocuparon buena parte de aquellos vacíos periodos que generaba la rotación de la maquinaria instalada en la cabeza.

Pero trasladándonos a las reacciones de especular entre lo humano y lo divino, sin ser de mi intención soltar ningún rollo filosófico, la relación entre dos aspectos aparentemente tan distintos como la soledad y la rutina aparecieron sobre mi entendimiento sin saber cómo.

Si, rutina y soledad o viceversa, llegando a la conclusión taras devanarme los sesos de que tienen en común que ambas resultan divinamente placenteras cuando son voluntarias y tremendamente martirizantes cuando se convierten en obligadas.

Una y otra nos llevan a diferentes estados de ánimo en función del momento que no siempre es el elegido. Quedándonos en el positivo, por aquello de evitar torturas, ejemplarizo una situación de felicidad jugando con las dos acepciones que están al alcance de cualquiera.

Rutina solitaria y veraniega escogida en un paraje costero con la playa y el mar de protagonistas.

O sea almuerzo, con café del tiempo incluido en terraza casi bañada por el suave romper de las olas, paseos por la orilla con el agua acariciando los tobillos, chapuzon (mejor bañito a poder ser de una hora) en aguas cristalinas y tranquilas de una cala, cubriendo más allá del pecho, atardecer costero con la mirada puesta en un horizonte que ofrece imagines combinadas del colorido mágico de la naturaleza.

Larga noche admirando la luna reflejándose en el espejo del mar, ofreciéndonos esa imagen bucólica que nos permite deleitarnos del panorama, parando el tiempo, la mente y hasta el movimiento del mundo. Abriendo y abrazando los sueños aquellos que siempre deseamos.

En definitiva, mirando al mar, como decía la vieja cancion creo que de Bonet de San Pedro (eso si me queda lejos hasta de joven, que uno se crió musicalmente entre Els Cinc Chics y Credence Clearwater Revival, antagonismo pensaran algunos, pero soy así de raro).

Vamos, que les convido a probar la fórmula sino es que llego tarde que sería lo más normal, pues no sé si quedará algun ser humano por pasar tan paradisíaca y hasta necesaria experiencia.

Ansias de rutina y soledad, buscadas por supuesto.

Ferran Gil: A mi aire