La invasión de Ceuta por -el número depende de la fuente interesada- unos 60.000 marroquíes es la consecuencia de las pésimas políticas de este y anteriores gobiernos.
De la permisividad y sobre todo del efecto llamada. Si a eso le sumamos, que nuestro enemigo solapado, utiliza estas avalanchas humanas para extorsionar a un gobierno de juguete como el que tenemos, la tragedia está servida. Como cantaban los Ronaldos, Marruecos quiere “más dinero”.
- Estamos solos, no hay crisis que este gobierno sepa o quiera solventar. Incendios, inundaciones, volcanes, infraestructuras ruinosas o avalanchas humanas.
Da igual la situación. Los “medios” se envían tarde o no se envía el número suficiente o se les envía en plan ONG. Cualquiera con un nivel medio de inteligencia se da cuenta de que el Estado es enemigo de la nación. Nada importan los españoles, solo para ser explotados como contribuyentes forzosos de un sistema que cada vez está más saturado y les da peor cobertura.
Debemos poner pie en pared.
Solo hay que entrar en un hospital y ver el panorama. Solo hay que salir a la calle y ver que los españoles empezamos a ser cada vez menos.
Los ceutís nos han enseñado el camino. Todo cerrado a cal y canto. Ni agua. Hay que dejar de colaborar. Ser bueno no es sinónimo de ser tonto.
- Dejemos de facilitar esta locura. Cualquier establecimiento puede “reservar el derecho de admisión”. Nosotros debemos hacer lo mismo.
El derecho de admisión tiene estos criterios: solo vale para rechazar por aforo lleno, conducta violenta, estado de embriaguez, falta de higiene o no cumplir normas de vestimenta anunciadas.
En muchos casos no hace falta más. Las salas de espera de los hospitales ya nos dan una idea de cómo podemos negarnos a “comulgar con ruedas de molino”.
No se trata de incumplir ninguna ley. Se trata simplemente de no colaborar dentro de los parámetros de esas leyes absurdas. Siempre hay formas. Me pueden obligar a aceptar ciertas cosas, pero no me pueden obligar a que me gusten y mucho menos a que ponga buena cara. ¡Ya basta!
Deberíamos empezar por los boicot a las marcas que colaboran, por ejemplo, en alimentación. Por descontado, apagar la televisión y la radio. No comprar nada procedente de paises que nos mandan lo que ya no quieren. Apurar hasta el último minuto para pagar impuestos, esto pondría en órbita y a trabajar a muchos que llevan viviendo de vacaciones desde 2020. Lo más importante, aunque es casi imposible será dejar las urnas vacías.
Exigir una reforma constitucional para que no se vuelvan a producir situaciones como la actual.
Con un gobierno inoperante pactado con partidos minoritarios que llegan dopados a las elecciones. Un gobierno al que no podemos echar de ninguna forma, porque la constitución lo blinda. Aforados, juicios eternos, indultos y seguramente algunas “marrullerías” electorales, nos lo impiden.
Tampoco dejar que el próximo gobierno haga lo que le dé la gana. Si alcanza la mayoría, prometiendo derogar leyes inmorales como las que tenemos o revertir una situación, que estén obligados a cumplirla o que se vayan. Casi 50 años de tomadura de pelo ya son suficientes.
El mismo día en que Marruecos nos envió la avalancha a Ceuta, todos los “amigos” y colaboradores estaban en la embajada marroquí, de fiesta, rindiendo pleitesía.
Desde expresidentes a periodistas. Si esto no nos deja el tema claro, “que santa Lucía nos conserve la vista”.
Visto esto, ya da igual si las cifras están infladas o no. Da igual lo que nos digan, si han sido las mafias o las ONG o los extraterrestres. Está muy claro que nos quieren poner el pie en la nuca y que además se cachondean, dejándonos bien claro a quién debemos el haber llegado a esta situación.
De ahí, de esas amistades y colaboraciones, seguramente, salen muchas fortunas inexplicables.
Da igual si el enemigo tiene compradas a las más altas instancias. Da igual si tiene infiltrados a colaboradores en los medios de comunicación. Nosotros “aún” somos más. No perdamos esta ventaja, no queda mucho tiempo.










