La Pequeña y Mediana Empresa, más conocida como Pyme, constituye hoy por hoy, el principal entramado del tejido económico de España.

Según el último informe del Directorio Central de Empresas (DIRCE), elaborado por la Dirección General de industria y de la Pequeña y Mediana Empresa del Ministerio de Industria, Comerio y Turismo, hay en España 3.363.197 empresas, de las cuales 3.358.603 (99,9%) son pyme (entre 0 y 249 asalariados).

El 81,5% de las empresas españolas ejercen su actividad en el sector servicios y, dentro de éste, un 22 % corresponde al comercio.

Como forma jurídica, la persona física (autónomo) es la forma predominante en la constitución de una empresa (54,9%), seguida de la sociedad limitada (34,3%).

Un análisis de esta estructura empresarial permite comprobar que no sólo estamos hablando de Pymes, sino mayoritariamente de micropymes – con menos de 10 empleados – que constituyen la red de negocios de las ciudades y pueblos.

El reducido tamaño de nuestras empresas supone desde luego algunas ventajas –entre ellas la flexibilidad y la capacidad de adaptación que caracteriza a las pymes -, pero también comporta limitaciones, como las dificultades para acometer proyectos de inversión elevada, menor capacidad crediticia, altos costes para conseguir y gestionar información, etc…

  • La cooperación empresarial constituye una de las mejores opciones estratégicas para superar escollos como el que estamos viviendo.

Así, a través de la cooperación las empresas pueden conseguir un mayor tamaño operativo que, a menudo, resulta necesario para acceder a un nuevo mercado; especializar la producción ampliando a la vez la gama de productos; abordar acciones de desarrollo tecnológico o de aprendizaje, etc…

Una de las principales ventajas de la cooperación radica en su flexibilidad para adaptarse a las múltiples necesidades que pueden plantearse en la vida de las empresas.

Desde la participación en el capital, hasta simples fórmulas de subcontratación, pasando por creación de empresas conjuntas (“joint ventures”), contratos de franquicia, creación de consorcios, acuerdos de I+D, etc…

Existen toda una gama de posibilidades en función de las necesidades e intereses de las empresas que intervienen.

Gran parte de los centros de producción pertenecen a sectores tradicionales productores de bienes de consumo final con una demanda muy débil, volcados a la exportación y abiertos a una competencia internacional muy agresiva.

Todo este entorno está haciendo correr ríos de tinta en cuanto a opiniones cada vez más propensas a enunciar la crisis acuciante a la que se enfrentarán todos los sectores productivos, una vez pasada esta primera crisis, que es la sanitaria.

Me enerva tanto contertulio opinando sobre economía, cuando, ni siquiera los que nos hemos dedicado toda nuestra vida a ella, somos capaces hoy de saber hacia dónde nos dirigirá todo esto.

  • Lo único que tengo claro es que si hoy estamos convencidos del #quedateencasa, en el ámbito económico también, y esperemos que sea pronto, tendremos claro que #juntospodremos y cualquier fórmula debe de pasar por la fuerza que da la unión.

La cooperación sólo resultará posible en un clima de mutua confianza y entendimiento que requiere que cada una de las empresas cuente con una cultura abierta, capaz de compartir los procesos necesarios para tomar decisiones y orientada hacia la resolución de los conflictos, que necesariamente surgirán en el desarrollo de la alianza.

La decisión de cooperar forma en todo caso parte de la gestión empresarial, y tiene como objetivo el desarrollo y el crecimiento de la empresa, y en muchos casos será, me temo, hasta su supervivencia.

La estrategia de una empresa está constituida por el conjunto de acciones y decisiones encaminadas a encontrar una ventaja diferencial o ventaja competitiva que dote a la misma de una posición fuerte y defendible a largo plazo frente a las competidoras.

Las decisiones estratégicas pueden afectar a los productos y a los mercados a los que se dirige la empresa.

Una firma que decida procurar su desarrollo a través de la cooperación deberá estar preparada para compartir.

La cooperación exige transparencia y que exista fluidez y confianza en los necesarios intercambios de información.

La nueva economía ya no se basará como ocurría en el modelo tradicional de la mera competencia.

El cierre de una empresa de un determinado sector se contemplará, generalmente, con inquietud entre las restantes empresas del mismo sector, que más allá de ver un competidor menos, se enfrentarán a una nueva circunstancia que les pone de manifiesto la necesidad de buscar nuevas fórmulas, que hagan posible su propia permanencia en el mercado.

  • En estos casos, la cooperación puede resultar la mejor de las alternativas.

Es necesario seguir apostando por un tratamiento singular a este colectivo de empresas (las pymes) y de muchos de sus titulares (los autónomos), que integre tanto la política económica, como la generación de una sensibilidad, ante esta realidad, por el Gobierno del Estado, aunando marcos de actuación y afianzando un marco económico sólido y competitivo para nuestras empresas.

Esperemos que las medidas anunciadas, se definan mucho más claramente en su destino y también en el origen de fondos del contingente económico previsto.

José María Guijarro y Jorge.
Economista y ciudadano del mundo. Con la cooperación; #todoirabien