Juanvi Pérez Aras, La fortaleza de un vínculo histórico

Seguimos con las conmemoraciones, cada una de ellas de trascendencia incuestionable para la configuración del orbe que conocemos y que vienen a reforzar ese vínculo trasatlántico con un continente al que la impronta española descubrió para la posteridad.

Un vínculo históricamente cuestionado a ambas orillas de la mar oceana,gracias a ese temperamento hispánico y su incurable enfermedadparanunca poner en valor lo propio y siempre enaltecer lo ajeno. Un vínculo que continua en su complicada singladura a lo largo de los siglos y que ahora, alrededor de estos acontecimientos que conmemoran los 5 siglos de historia común nos abre, una vez más, una ventana de oportunidad en este siglo XXI.

En medio de una constante lucha geopolítica, donde el epicentro del poder decisional global se sitúa en el estrecho de Malaca, desplazando a la cuna de la civilización occidental, el viejo continente, que asiste a sus horas más bajas por la falta del liderazgo intelectual que siempre le ha caracterizado.

Un escenario complicado ante el cualla Marca Hispánica Trasatlánticaasiste atónita,ya que aún con avances importantes, seguimos sin aprovechar toda su potencialidad. Con el hermano mayor al norte del continente,custodiando el cetro de la supremacía mundial en dura pugna con el gigante asiático, Hispanoamérica necesita reforzar una alianza histórica a la que nunca hemos sacado todo el partido, en beneficio de ambas partes.

Sin poner en duda la ingente labor llevada a cabo por nuestros ancestros y ese ejemplar mestizaje bajo el símbolo de la Cruz, para mayor frustración del progresismo masónico dominante y sus adulteradas e interesadas “leyendas negras”, debemos reflexionar sobre una decadencia mutua desde el s. XVIII y que culminó con la crisis del 98. Un estigma que llevamos arrastrando con sangre, sudor y lágrimas. Una nefasta gestión que fue aprovechada por todos aquellos que buscaban socavar al mayor Imperio conocido, como así fue.

Toda una ventana de oportunidad que se nos abre como puente obligado con Europa y el resto del mundo y que debemos hacer valer, generando fortalezas ante los retos globales y forjando esa mancomunidad hispánica quetantos beneficios aportaría y que daría una nueva vuelta a la historia común. Una historia común que debemos seguir forjando, como de manera ejemplar defiende S.M. El Rey Felipe VI, nuestro mejor Embajador, que al igual que aquellos forjadores del Constitucionalismo moderno desde Cádiz, llamaron a todos los que convivían en todas las Españas.

Hoy seguimos recordando esa presencia histórica en la que los nuevos territorios se iban incorporando a La Corona en igualdad con los otros reinos.

Así lo manifestaba Felipe VI en esta “cuestionada” pero obligada visita a Cuba, porque “España trajo consigo instituciones, ideas y valores, las bases del Derecho Internacional, la concepción de los derechos humanos universales y el debate sobre la guerra justa”.

Una justa reivindicación y recordatorio desde el palacio de los Capitanes Generales, en La Habana. Es más, hacía un valiente alegato a la Libertad y la Democracia en plena crisis del populismo bolivariano, porque “los españoles hemos aprendido que es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas, y los intereses de nuestros ciudadanos. La fortaleza que la democracia otorga a sus instituciones es la que permite el progreso y el bienestar de los pueblos”.

Pongamos pues en valor todo lo que nos une, que es mucho más y mejor que lo que nos separa. Podemos ser otra vez protagonistas de la historia, desde ese espíritu inclusivo, humanista, visionario si cabe, para forjar una nueva alianza que nos lleve a conquistar el futuro.

Mare Nostrum

Juanvi Pérez Aras, La fortaleza de un vínculo histórico