Fernando de Rosa “Zapatero a tus zapatos”

El refrán popular “zapatero a tus zapatos”, hace referencia al hecho de cada uno debe opinar u ocuparse de los asuntos, o cosas que conoce, y, por lo tanto, abstenerse de inmiscuirse en las cuestiones que no le incumben o para las que no está capacitado. El origen de esta frase se encuentra en el “Tratado de Historia natural” escrito por Plinio el Viejo en el siglo I.

En el mismo, se relata que un pintor de la antigua Grecia, llamado Apeles, exponía sus obras en la calle, recibiendo así, las observaciones del público. Un día, un zapatero criticó cómo había pintado la sandalia que llevaba un personaje en uno de sus cuadros, y el pintor, procedió a rectificar la obra. Con posterioridad, el zapatero regresó a la plaza pública y comenzó a cuestionar otros aspectos del cuadro, lo que molestó a su autor, y fue cuando le espetó: ¡zapatero, a tus zapatos!

Por desgracia, en la vida política española hay muchos “zapateros” que se dedican a opinar o a inmiscuirse en asuntos de los que no saben, o gestionan sin estar capacitados para ello. A la primera categoría pertenece Rodríguez Zapatero que se dedica a inmiscuirse en asuntos que no le incumben. No olvidemos las desafortunadas palabras, en su día, calificando a Arnaldo Otegi como hombre de paz.

A principios de esta semana, el expresidente fue entrevistado en un programa de radio y el periodista le preguntó sobre dicha frase. Zapatero sostuvo que “Otegi contribuyó decisivamente al fin de la violencia”, y a continuación, procedió a atacar a la presidenta de la Comunidad de Madrid que había afirmado que la banda terrorista sigue viva “porque se sienta en las instituciones”. Los socialistas, empujados por sus socios, se colocan junto a los que han causado tanto sufrimiento y, sin embargo, se dedican a menospreciar a quienes denuncian que los falsos hombres de paz sean socios preferentes del sanchismo y condicionen la política nacional.

Otro caso de inaptitud para gestionar o gobernar lo encontramos en el actual presidente del Gobierno. Hace malabarismos para mantenerse en el poder. Mientras, tanto, el gobierno Frankenstein se descose. Por un lado, Nadia Calviño anda a la gresca con la Ministra de Trabajo, que asumiendo el estilo del fracasado políticamente hablando, Pablo Iglesias, se dedica a incendiar la vida política española con su comunismo trasnochado. Por otro lado, la ministra de Derechos Sociales, Belarra, busca un protagonismo que su ineficaz gestión le niega, y se dedica a organizar su “rueda de prensa” en paralelo a la oficial, subiendo un video en una red social en vez de comparecer en la rueda de prensa oficial tras el Consejo de Ministros en la que se informaba de la Ley de la Vivienda.

  • Se trata de un Gobierno roto que no mira por el bien común, y que está instalado ya en precampaña electoral.

Por su parte, el “zapatero” Puig, sigue el mismo patrón que su jefe de partido. Sus políticas no son sociales. Sus prioridades son subvencionar a las entidades catalanistas. De hecho, ya se han destinado siete millones de euros a estas organizaciones, entre las cuales, está la que persigue a los profesores de las Universidades valencianas que no hablen en catalán. Mientras tanto, calla frente a las gestiones que están realizando los partidos independistas catalanes para frenar la ampliación del puerto de Valencia.

El dinero gastado en esas entidades catalanistas permitiría “encolar” los rotos que la crisis ha generado. Así, por ejemplo, ese dinero podría cubrir el bono comedor de 8.000 familias. Mientras, la ampliación del puerto, implicaría la generación de 5.000 puestos de trabajo directos.

Por su parte, sus socios de Compromís también andan desbordados por meterse en asuntos para los que no están capacitados. Basta tener presente el caso de la Vicepresidenta Oltra que piensa más en su futuro político que en las necesidades de nuestros mayores.

A título de ejemplo, baste decir que, durante la pandemia, se produjeron más de 2.000 fallecidos en residencias de ancianos, cifras que se han querido maquillar, pero que denotan una falta absoluta de coordinación y previsión por parte de la Conselleria que dirige.

También su compañera de partido, la Consellera de Medio Ambiente, Mollà, se lava las manos en la situación generada por la muerte de diez burros en el desierto de Las Palmas. Se trata de una negligencia clara. Mientras, la consellera mira hacia otro lado.

Este conjunto de zapateros a que me he referido, gestionan la cosa pública con absoluta ineficacia. En vez de solucionar los problemas de los ciudadanos, “remendar” los descosidos sociales y cambiar las suelas desgastadas del empleo, y de la convivencia, miran exclusivamente por sí mismos y los suyos. Esperemos que acaben encontrando la horma para sus zapatos.