Fernando de Rosa “ No hay sitio”

“No hay sitio”. Estas fueron las palabras con las que el equipo del President Puig, vetó a Carlos Mazón, en la feria de turismo world travel market que se celebró en Londres hace unos días. Mazón, en su condición de presidente de la Diputación de Alicante y del Patronato Costa Blanca, quiso asistir a la importante reunión que se iba a mantener con la asociación de agencias de viajes del Reino Unido.

En una actitud totalmente chulesca y menospreciando a la provincia de Alicante, destino favorito del turismo británico, Mazón fue vetado. El turismo necesita de especial atención por parte de nuestras autoridades. Desde que comenzó la pandemia generada por la Covid-19, ese sector es de los que más se ha resentido, y Alicante, de igual manera que las provincias de Castellón y Valencia, merecen que el Gobierno de la Generalitat incluya entre sus objetivos preferentes, relanzar el turismo, y ayudar a que este sector pueda superar la crisis. Sin embargo, Puig y los suyos lo único que buscan es la fotografía fácil y hacer campaña preelectoral.

El President antepone sus intereses partidistas, a los generales. En este sentido, llama extraordinariamente la atención que en los inflados presupuestos autonómicos aprobados para el año que viene, se hayan incrementado, de manera desmedida los gastos para publicidad institucional.

En relación con los anteriores presupuestos, el incremento se traduce en un 47%, o sea, dos millones y medio más, que se van a destinar a “disfrazar institucionalmente” los supuestos “logros” de Puig, pensando en que las próximas elecciones autonómicas.

El “no hay sitio”, como política partidista y excluyente, no solamente la practica Puig. En el ámbito nacional, el Gobierno social-comunista no deja sitio a la decencia democrática. De nuevo, Sánchez, empujado por sus socios podemitas, se ha rendido a los pies de EH-Bildu y Otegi, para conseguir el apoyo a las cuentas para el año próximo.

Tampoco hay sitio para el sentido común en la política penitenciaria que está siguiendo el Ministro Grande-Marlaska. Se trata de una política errónea que prima la puesta en libertad de las personas privadas de libertad, sin tener en cuenta si están en condiciones de reincorporarse a la sociedad. Por si esto no fuera poco, no olvidemos que el Partido Socialista fue el que interpuso la demanda de inconstitucionalidad contra la reforma del Partido Popular que introdujo la pena de prisión permanente revisable.

No hay sitio para ninguna lógica, en el empecinamiento de la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que pretende la derogación de la reforma laboral del Partido Popular. No está de más señalar que gracias a ella, se han conseguido salvar miles de puestos de trabajo en los momentos más duros de la crisis económica reciente. Sin embargo, Unidas-Podemos sigue instalada en el trasnochado y caducado Manifiesto comunista de Karl Marx. Su lucha clases, se ha transformado en un clasismo neoburgués, que levanta el puño cantando la Internacional, mientras que, con la otra mano, cuentan el dinero que tienen en el banco.

Por otro lado, no hay sitio para escapar de los ruidos, obras y socavones, en el centro de la ciudad de Valencia. El alcalde Ribó también anda preocupado en las próximas elecciones municipales y castiga al centro con obras interminables y de dudoso resultado. El primer hito lo marcó la reforma chapucera de la plaza del Ayuntamiento, que ni siquiera parece convencer al gobierno municipal que ya está amenazado con una nueva intervención en la misma plaza.

El entorno de la Lonja es otro enclave que resulta castigado, donde se ha talado de manera inmisericorde los árboles de la zona. Los falsos ecologistas de la izquierda nada ha dicho ante tal actuación. Todas estas obras están asfixiando al comercio de proximidad del centro histórico, entre ellos, el Mercado Central, sin que el Ayuntamiento haya previsto un plan de choque y ayuda a autónomos y pequeños empresarios.

De hecho, ya hay proveedores de hielo que ya no surten a los puestos de la pescadería del Mercado Central, dada la imposibilidad para estacionar y descargar y por la política agresiva de multas del gobierno municipal. No hay sitio para la sensibilidad y empatía en el gobierno municipal de socialistas y Compromís.

Es hora de que la política en negativo, la del “no hay sitio”, deje paso a una política en positivo, que sume, que aúne ilusiones y deje lugar a la esperanza. En ese propósito, la ciudadanía encontrará al Partido Popular.