PACO TARAZONA, EL ÚLTIMO MOHICANO

Paco Tarazona firmando ejemplares

Ayer jueves, a las 19 horas en La Fábrica de Hielo (Cabañal), lugar donde se realizan los eventos más dispares, tuvo lugar la presentación en sociedad, calentito, calentito, del libro de Paco Tarazona “La Societat Pinkerton Internacional: A la busca de El Papo” (Valencia, Mosseguello, 2018).

Paco reunió a multitud de amigos, compañeros y familiares que disfrutaron de la velada. A manera de los “tres tenores”, Sergi por la editorial, Paco como autor y Zacarés como critico implicado en la ejecución del libro, desgranaron “todo aquello que se podía decir sin desvelar” demasiado la trama y dejando muchas ganas de leerlo.  Fue una velada donde brilló el valenciano, la valencianía. Al final del artículo tenéis una pequeña galería de lo que ocurrió.

Paco Tarazona durante la presentacion.

La Societat Pinkerton Internacional: A la busca de El Papo

La rentrée literaria en valenciano –si tal cosa existe– guardaba para el puñado de público lector en Normes de El Puig –si sigue habiendo–, una gratísima sorpresa desde los tiempos gloriosos, y a la vez crepusculares, del primer Lletraferit i L’Oronella: la novela, eso sí, de infame título (me consta: no es de quien la firma), La Societat Pinkerton Internacional: A la busca de El Papo (Valencia, Mosseguello, 2018) del médico, escritor, coleccionista de arte y melómano Paco Tarazona (Sedaví, 1971).

No sé si El Papo (la llamaré así para abreviar) es la primera novela de este año en la ortografía maldita, pero desde luego sí va a ser la apuesta literaria más osada de cuantas veamos en bastantes meses, incluso por quienes escribimos en la normativa del IEC. Y digo esto por tres razones: una, literaria; otra, metaliteraria; y, la última, transliteraria.

Paco Tarazona: La Societat Pinkerton Internacional: A la busca de El Papo

Paco Tarazona: La Societat Pinkerton Internacional: A la busca de El Papo

El Papo

El Papo es una novela de humor; este es otro estigma en el mundo engolado de la alta literatura, pero a Tarazona, quien podría haber sido cronista del gran rey inglés Enrique VIII, de haber nacido en Canterbury, no solo le resulta indiferente la opinión de ese tal mundo, sino que escribe lo que quiere porque puede y le da la real gana.

Una novela de humor no significa un chiste devenido novela.

Pocas novelas de humor encontraremos en nuestra lengua (ortografía al margen), si bien disponemos de tradición sainetera, cuentística y de llibrets para comprobar, por tabla, cuento y llama, que el humor es esencial a la asunción popular de nuestras letras.

Ahora bien, ojo con buscar en El Papo (tal palabra, en la novela, no hace referencia a ningún fantasma persecutor de criaturas –si tomamos el término en valenciano–; ni tampoco a los genitales femeninos –si lo pensamos en español–), la chirigota fácil, la brofegada autóctona o la obviedad más rampante.

Tarazona, personaje de la novela, trata de ser de una finura inmaculada, a veces tan extrema que el humor rezuma una qualité que ni ínclitos chilenos como el académico Calpito o el doctor Gelós serían capaces de percibir.

Paco Tarazona ha dedicado años de su vida a esta novela de humor metamorfoseante, y ello demuestra algo cuyo valor no debe escapársenos: se toma muy en serio la literatura, y no pretende escribir, valga la paradoja, un divertimento, sino una pieza literaria con valor por sí misma –y no por el microclima en el cual, por su elección ortográfica, nace– y de la que posiblemente se desentienda un corifeo de panzas en gloria acostumbrado al beneplácito fácil, o mejor, de mercado de pulgas.

En segundo lugar, El Papo tiene un marcado carácter autobiográfico. Tarazona se ha recorrido Chile de norte a sur, plantó una tricolor (no recuerdo si era con o sin estrella) en la isla de Pascua, y volvió de aquel periplo austral con un diario, un cuaderno de notas y mil anécdotas que, al cabo de hartos años, ha plasmado en su novela.

Sus impresiones respecto a las urbes donde recaló, los grandes monumentos visibles o carnales, la historia de aquellas tierras tan lejanas, la apertura con la que recibe todas las novedades visuales, las notas gastronómicas a modo de guía apresurada de cocina chilena…, convierten El Papo en mucho más que un relato: un caleidoscopio cuyos cristales son modos de leer el paisaje a la vez que la geografía va transformándose en literatura.

En cierto modo, El Papo es un homenaje a Chile, algo inédito en nuestras letras. Sin embargo, por debajo de la realidad “chilena” tal vez haya más de un parangón con el raquítico micromundo valenciano.

Momento de la presentación La Societat Pinkerton Internacional: A la busca de El Papo

Momento de la presentación La Societat Pinkerton Internacional: A la busca de El Papo

Por último, se ha de remarcar que Paco Tarazona ha hecho una apuesta vital y literaria suicida.

Si ya es meritorio escribir una novela, además extensa, a más a más de humor, y en una variedad lingüística moribunda, la osadía de acometerla en unas normas ortográficas marginales y marginadas es un acto heroico, un brindis al sol, la muestra más radical de compromiso con los valores que, desde siempre, y sin moverse un ápice, ha defendido y defiende.

Por eso, el Dr. Tarazona, aunque a veces crispe por su cabezonería (si no fuera amigo, escribiría “tesón”), tras otra novela de tema americano, aunque aquella vez histórica y en Cuba, diversos premios, libros divulgativos de tema médico, e incontables artículos de investigación en su especialidad, se nos presenta con este Papo a quien debemos seguirle la pista. De él, depende el futuro de nuestra literatura más inclasificable, pues la heterodoxia siempre será el reino de los vivos.█

Es un artículo de  Josep Carles Laínez

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