El nuevo IVF, ¿germen de una banca pública valenciana?

Bravo, doña GabrielaLa llingüística, com a ciència que és, no admet dogmes ni veritats absolutes. Els dogmes, açò és, la creença cega en un fet o fenòmen sense qüestionar-lo lo més mínim, són propis de les religions o de les més fanàtiques ideologies. Que el valencià és català pareix haver-se convertit per ad alguns en això, un dogma de fe. I no. Els llingüístes, com a bons cientifics, són els autèntics encarregats d’estudiar, contrastar , investigar i cuidar nostres llengües, no obedixen a dogmes ni criteris polítics, o al menys no deurien fer-ho. La qüestió de l’orige i denominació de la llengua que es parla en la Comunitat Valenciana sempre ha sigut motiu de disputa. Ha generat, i generarà interessos i recels polítics. El nacionalisme, -que sempre vol més-, dels nostres veïns del nort, sempre ha dibuixat a les terres valencianes com una extensió de la seua anhelada nacionalitat. Per a construir qualsevol nació, i este és el cas que ens ocupa i toca de prop, fa falta una llengua, una historia, i una cultura més o menys comú. ¿Recorden allò de que ‘qui parla alemany és alemany’? Puix una cosa així passa en la Comunitat Valenciana per lo que fa a la denominació de l’idioma propi de molts valencians. A bon entenedor, sobren les paraules. Ara, la sempre apelada Europa, a través del Consell d’Europa ha tornat a reafirmar-se en lo que és obvi: que el valencià és valencià. Ya ho digueren ilustres autors de la terra que va conéixer el que fóra el primer Segle d’Or d’una llengua en lo que posteriorment s’anomenaria Espanya. Ausiàs March, Joanot Martorell, Bonifaci Ferrer o Sor Isabel de Villena així ho deixaven patent, escribien en ‘llengua valenciana’. I així, segles més tart, tot un poble, i la seua voluntat (eixa mateixa voluntat que s’alega a l’hora de reclamar referéndums impossibles de segregació), seguixen demanant lo que el Consell d’Europa ha vingut a recordar: que el valencià és un idioma, per historia, per tradició i per voluntat del poble que l’usa, el seu autèntic propietari. CASTELLANO: Europa se reafirma: el valenciano sí es una lengua La lingüística, como ciencia que es, no admite dogmas ni verdades absolutas. Los dogmas, esto es, la creencia ciega en un hecho o fenómeno sin cuestionarlo lo más mínimo, son propios de las religiones o de las más fanáticas ideologías. Que el valenciano es catalán parece haberse convertido para algunos en ello, un dogma de fe. Y no. Los lingüistas, como buenos científicos, son los auténticos encargados de estudiar, cotejar, investigar y cuidar nuestras lenguas, no obedecen a dogmas ni criterios políticos, o al menos no deberían hacerlo. La cuestión del origen y denominación de la lengua que se habla en la Comunitat Valenciana siempre ha sido motivo de disputa. Ha generado, y generará intereses y recelos políticos. El nacionalismo, -que siempre quiere más-, de nuestros vecinos del norte, siempre ha dibujado a las tierras valencianas como una extensión de su anhelada nacionalidad. Para construir cualquier nación, y este es el caso que os ocupa y toca de cerca, hace falta una lengua, una historia, y una cultura más o menos común. ¿Recuerdan aquello de que 'quién habla alemán es alemán'? Pues algo así sucede en la Comunitat Valenciana con respecto a la denominación del idioma propio de muchos valencianos. A buen entendedor, sobran las palabras. Ahora, la siempre apelada Europa, a través del Consejo de Europa ha vuelto a reafirmarse en lo que es obvio: que el valenciano es valenciano. Ya lo dijeron ilustres autores de la tierra que conoció el que fuera el primer Siglo de Oro de una lengua en lo que posteriormente se llamaría España. Ausiàs March, Joanot Martorell, Bonifaci Ferrer o Sor Isabel de Villena así lo dejaban patente, escribían en 'lengua valenciana'. Y así, siglos más tarde, todo un pueblo, y su voluntad (esa misma voluntad que se alega a la hora de reclamar referendums imposibles de segregación), siguen pidiendo lo que el Consejo de Europa ha venido a recordar: que el valenciano es un idioma, por historia, por tradición y por voluntad del pueblo que lo usa, su auténtico propietario.

Con las generales en el horizonte tengamos claro que la economía, justamente por su estado y su importancia, va ser noticia de portada casi a diario; y para muestra un botón, oportunista, pero un botón al fin y al cabo: el gobierno central decidió ayer viernes bajar la luz. Ara mare?! que diríamos en valenciano. Los consumidores se han pasado toda la legislatura clamando en el desierto, pero ya ven, aquellos que criticaban las medidas populistas de Zapatero (los 400€ del IRPF, los 2.000€ por nuevo nacimiento, etc.) ahora siguen la misma senda…

Pero vayamos a la realidad económica y financiera valenciana, ese erial que nos han dejado en herencia los gobiernos de Camps y Fabra. Arruinadas, expoliadas y finalmente entregadas a Madrid y Barcelona nuestras entidades financieras (CAM y Bancaja) o vendido por un vergonzante euro (Banco de Valencia), queda decapitada cualquier posibilidad de riesgo en inversión para nuestros empresarios. Según nos cuentan al acudir a las entidades que han absorbido a las históricas valencianas se encuentra con que los nuevos interlocutores sopesan con empresarios madrileños o catalanes si esa inversión podría perjudicarles y en función de esa información deciden si sí, o si no. Por este motivos entre otros, el gobierno de Ximo Puig (como llevaban en el programa electoral las dos fuerzas que lo sustentan) tiene previsto revitalizar el Institut Valencià de Finances (IVF). Su nuevo director, Manuel Illueca, afirmaba ante el conseller de Hacienda y Modelo Económico, Vicent Soler, que tiene previsto refundar el IVF y abrirlo a los valencianos y no solo a los empresarios; matizaba que esta institución debe ser un instrumento al servicio del conjunto de la sociedad. Se trata sin duda de tratar de ayudar ante la crisis que afecta tanto a las empresas como a las familias y estos movimientos, junto a otros también importantes (reunión con Juan Roig, con José Ignacio Goirigolzarri, llamada telefónica a Mariano Rajoy y próxima reunión en Moncloa, reunión con la cúpula de la patronal, la promesa de la puesta en marcha de un modelo productivo que procure nuevos puestos de trabajo, etc.) denotan que Puig se ha tomado muy en serio la política económica del Consell y no puede ser para menos. El presidente del gobierno valenciano es consciente de que esta es la primera prueba de fuego para el ejecutivo, ya que los ciudadanos, a pesar de todo, pueden pasar por alto muchas promesas electorales y buenas intenciones, pero si no cambia rápidamente la situación económica, los parabienes se tornaran en críticas despiadadas que podrían poner en riesgo la propia continuidad del Consell.