El Clausura del Valencia CF de Pizzi y un altavoz mediático

A falta de concretar tomas decisivas, muy mal tiene que ir el rodaje para que la película del romance entre el Valencia CF y Juan Antonio Pizzi no sea un éxito en las taquillas de la capital del Turia. Con un guion modificado a mediados de la temporada, resulta complejo dirigir una producción de más de 20 actores acostumbrados a las manías de un director, al estilo y aroma con que este perfuma cada escena de 90 minutos para conseguir un resultado óptimo en cada toma.

El ‘efecto Pizzi’ ya ha quedado descatalogado. Las retinas de los ojos blanquinegros ahora retienen la imagen de un equipo con nuevos tintes, una personalidad definida, un patrón de juego que combina lo estético con lo vertical, la calidad de genios olvidados por señores con bigote como Dani Parejo o la capacidad rematadora de un Paco Alcácer como intérprete revelación o un Sofiane Feghouli más a gusto con su nuevo rol.

Miroslav Djukic dejaba de lado el juego por bandas para acumular en el centro todo un seguido de medias puntas (gentileza de Braulio Vázquez) que poco ofrecían en ataque y más bien nada en defensa. Le pasa también a Pizzi. Cuando dispone un triángulo de jugadores en el centro, el equipo se embotella y pierde ese dinamismo que aportan los futbolistas rápidos y explosivos.

En un hipotético Torneo Clausura de la Liga BBVA, opción que hizo pública el iluminado de Ángel María Villar en representación de los todavía más iluminados de la Federación Española (menos tocar las desigualdades, los horrores arbitrales y los escándalos extradeportivos en la Liga, cualquier cosa) el Valencia CF del técnico argentino Juan Antonio Pizzi ocuparía la segunda posición en la tabla tan solo por detrás del Real Madrid, ‘solo’ el equipo con mayor presupuesto del mundo (aunque para ellos todo es poco).

Salvo la estrepitosa derrota en Balaídos, el Valencia ha mostrado una imagen buenísima en la mayoría de sus enfrentamientos, destacando por ejemplo la paliza al Real Betis, la machada en el Camp Nou, el punto en el Pizjuán o la victoria de corazón ante el Granada. Esto último, clave. Corazón, actitud y coraje. No bajar los brazos. “Estamos trabajando por un Valencia campeón, con humildad, trabajo y valores”, es la frase que Rufete intenta inculcar en los futbolistas.

Y tomando el testigo del Real Madrid, supongo que sabrán los últimos datos que reflejan otra tomadura de pelo de los del ‘gran’ Florentino Pérez. Por unos cuantos goles marcados en un equipo de más de 500 millones de euros, Jesé Rodríguez ha pasado a ser el mejor del mundo. ¡Qué injusticia sería no otorgarle el Balón de Oro de este año, aunque estemos en febrero! El jugador canario ya ha sido mitificado y bautizado por los más altos dioses. Y ojo, ¡tiene que ir a la Selección sí o sí! ¡Porque es lo mismo que la ponga Barragán que Ángel Di María…!

Pero no. Paren el carro. El niño mimado del fútbol español ha topado con la gran perla de la cantera blanquinegra, si me disculpan. Con la confianza de Pizzi bajo el brazo, Paco Alcácer ha marcado nueve goles en 19 partidos por un total de ocho en 27 encuentros del jugador blanco. Son 0,47 goles de promedio por partido para el jugador del Valencia CF por 0,29 de Jesé. Y el de Torrent ha sido más que decisivo para las victorias de su equipo. Datos públicos incuestionables.

Ya saben, solo interesarán los números que remarquen la velocidad con la que Bale ejecuta sus disparos (que ya puede, habiendo pagado por él 100 millones de euros) porque el altavoz mediático pone su foco en uno mientras el otro mejora los registros. Esta película sí que siempre será la misma.

Foto: EFE

Alberto Gómez (@Alberto_Gomez9)