Brasil 2014: análisis de la debacle española

Seis años de puro espectáculo han puesto su fin de la forma más cruel. Lágrimas de alegría y emoción convertidas en perlas oscuras observadas con incredulidad por cada español amante del balompié. Un paso desastroso, inesperado y desolador ha acabado con los éxitos inmediatos de la mejor generación de futbol de la historia. Y hemos tenido la suerte de que sea nuestra.

Los ciclos triunfales tienen principio y fin. Importa la forma. Una lista de 23 bajo sospecha no imaginaba caer rendida a las primeras de cambio con un balance de 180 minutos disputados, 7 goles encajados y tan solo uno en contra, y de penalti entre lo dudoso y lo injusto. Números que empañan un palmarés memorable, respetable, pero que requiere de una crítica constructiva y de una regeneración en todas sus líneas para incorporar un nuevo título a las vitrinas de La Roja.

El fracaso saca a relucir los puntos de discordia y los motivos que han llevado a tal estrepitoso desenlace. Empezando por un entrenador, al que se le mide según el rendimiento que ofrece cada temporada y en este caso, a Vicente Del Bosque por las competiciones en que dirige a la Selección Española. Convocatoria discutible, cambios inefectivos. Mitos bajo sospecha. Desunión. Despistes.

TEMORES CONFIRMADOS

Muchas posiciones del XI titular de España pendían de un hilo. Empezando por la portería. Las manos del mejor portero del mundo han estado paradas más de lo necesario y en un campeonato tan corto un jugador debe llegar con plenas garantías. La actuación de Iker Casillas, dejando de lado las incontables actuaciones destacadas en el Mundial de Sudáfrica sin ir más lejos, no ha estado a la altura de la categoría de su figura.

La pareja de centrales tampoco han ayudado. Piqué ha estado desconocido e incluso su mal estado de forma forzó al seleccionador a apostar por Javi Martínez, futbolista con condiciones para desempeñarse en la retaguardia, pero más peligroso unos metros más adelante. Y Sergio Ramos, por el que muchos daban todo lo que tuvieran por verle con el Balón de Oro, más de lo mismo. En definitiva, lentos y con una falta extraordinaria de concentración y compenetración que se ha traducido en 7 dianas en contra.

Los laterales a priori titulares han tenido un rendimiento discreto tanto en ataque como en defensa y en muchos goles encajados han llegado tarde a la cobertura. El centro del campo, desaparecido. Sergio Busquets y Xabi Alonso han sido un espejismo ahogado por la presión rival, sin capacidad de elaboración ni destrucción, perdiendo infinidad de balones. La delantera, sin gol. Diego Costa se desmarcó constantemente pero solo, ante una línea de 5 o 6 contrincantes ante Holanda y Chile, sin espacios para correr y buscar el tiro, quedó borrado del mapa.

‘EFECTO DOMINÓ’

Casualidad o no, la debacle de la Selección Española viene precedida de un hundimiento de la flota azulgrana. Los mayores logros del futbol español han venido acompañados de las grandes glorias del FC Barcelona capitaneadas por hombres como Puyol o Xavi, figuras incontestables cuyo paso por esta Copa del Mundo en Brasil ha quedado en agua de borrajas: Uno no convocado; otro jugó tan solo el primer partido.

El motor del futbol español vive sus últimos días en la élite y eso ha repercutido en el equipo nacional con falta de ideas, velocidad y genialidades de un tipo como Xavi al que será difícil buscarle remplazo. “Aquí manda usted. Y que me critiquen a mí”, decía Luis Aragonés.

NOQUEADOS EN LO FÍSICO… Y EN LO MENTAL

Pocas veces en los últimos años se había visto a la Selección Española sin capacidad de reacción. Cada golpe que encajaba en este Mundial parecía un KO directo. Los cambios apenas repercutían en el juego y las aspiraciones se escurrían de entre los dedos. Muchos futbolistas han llegado con el depósito prácticamente vacío, por mucho que digan que se sentían como en Sudáfrica. Otros no han hecho la mejor temporada de su historia. Algunos van por decreto.

Xabi Alonso, desde la autocrítica, ha reseñado una falta considerable de motivación, de hambre. Declaraciones que destapan una verdad palpable previa disputa de los partidos del Mundial y que el seleccionador no corrigió en su día. Además, desde la unión y el bloque llegan los resultados, y España ha estado muy lejos de aunar ambos factores clave, como puede comprobarse con la controversia que ha causado en el vestuario de La Roja las palabras del tolosarra.

Los calendarios también han sumado su parte. En competiciones domesticas se prolongan en los grandes torneos en forma de cansancio y agotamiento. La Copa del Rey a doble partido, amistosos transatlánticos innecesarios… Todo ‘minúsculo’ desliz se nota en una competición tan exigente. Por mucho que Javier Tebas nos obligue a acercarnos a su mundo.

DEL BOSQUE, RESPONSABLE

El actual seleccionador español superó con creces el desafío de continuar el legado de un Luis Aragonés que muchos coinciden como génesis del triunfo. El motivador; quien juntó a los bajitos geniales como Iniesta, Xavi, Cazorla, Silva o Villa; el que marcó un estilo que ha recorrido por la senda de la victoria hasta hace unos días.

No le tembló el pulso a la hora de descartar los pesos pesados e imponer su propia personalidad. Circunstancia que Del Bosque ha padecido. Muchos jugadores han rendido por debajo de sus posibilidades en sus respectivos equipos y otros tantos jóvenes les han comido la tostada. Sin embargo, ahí han estado, incluso disputando minutos. Cambios nada productivos de hombre por hombre, sin alternativas claras en el banquillo de corte vertical y explosivo, falta de riesgo y decisión. Desastre.

La regeneración y la marcha de muchos jugadores pasarán inevitablemente. Por las manos de Vicente del Bosque o por otro entrenador. A España le tiene tomada la medida cualquier equipo. Equipos como Uruguay o Chile tienen una intensidad tan alta y una agresividad extrema que hoy en día la Selección ha perdido. Piezas básicas como Casillas, Xavi, Alonso, Reina o Villa pueden haber estado ante su último partido y es momento de los Deulofeu, Isco, Carvajal, Parejo, Alberto Moreno, Bernat…. España dispone de una cantera extraordinaria y un perfil propio, casi único, que requiere de una reconstrucción masiva.

Los aficionados no pueden esconderse en el argumento de cuánto han dado estos jugadores. Porque esto es obvio, tan obvio como que España ha encajado tantos goles como en las dos Eurocopas anteriores y el Mundial y que su juego ofensivo ha rozado el esperpento, como la actitud. La estrella bordada en el pecho permanecerá ayer, hoy y mañana. Pero para crecer hay que arriesgar y apostar por cosas nuevas.

EJEMPLOS DEL CAMBIO

Brasil ha pasado de la espectacularidad y vistosidad en su juego a la vuelta de Felipe Scolari y su juego bronco, combativo, físico. Les faltará creación en el centro del campo y su propuesta tendrá múltiples matices, pero derrotaron a España por 3-0 en la Confederaciones y es la Selección favorita para llevarse un torneo del cual es anfitrión.

Mismo caso para Holanda o Italia. Los ‘Oranje’ han encomendado su destino nuevamente a Louis van Gaal, quien ha dejado atrás a medio equipo titular de Sudáfrica y ha apostado por la comunión entre talento y oficio, juventud y experiencia. ‘La Azzurra’, de la estrella en 2006 al estrépito en la fase de grupos de 2010. Ahora está al frente Cesare Prandelli, amante del futbol control, con el que han llegado a la final de la Eurocopa de Polonia y Ucrania y han conseguido un tercer puesto en la Confederaciones.

La renovación espera. No es cuestión de apabullar a una serie de jugadores artífices de la gloria. Cosa de volver por nuestros fueros, aunque el cambio pueda comportar inestabilidad. Al menos ver a España entre las 3-4 mejores Selecciones del mundo. Porque la materia prima, lo más difícil de encontrar, existe.

Foto: Getty