Al toro, que es una mona…

Escándalo mundial: una estrella del balompié, el mejor jugador de fútbol del mundo, el indiscutible símbolo del Barça, ese Leo Messi que es el referente que la mayoría de independentistas catalanes portan como estandarte… ha sido acusado por la Fiscalía de presunto fraude fiscal.

A Hacienda le faltan cuatro millones, que es mucha tela. Y el mito del niño de carita de bueno, la leyenda del chico honesto, limpio, aseado y de buena familia, se cae a trocitos. Papá parece que le había arreglado una serie de empresas interpuestas para que la cotización de los derechos de imagen quedara fuera de la procelosa órbita del ministro Montoro. Que, por cierto, avisó en su día cuando dijo que se estaba investigando a grandes figuras del deporte.

No es broma el asunto. Desde el primer minuto es obvio que el Barça, y Cataluña toda, pueden hacer bandera de ofensa nacional del problema fiscal del muchacho. La decisión llama a escándalo a muchos catalanes, que no pueden imaginar que la “larga mano de Madrid” se atreva a ir tan lejos en su “acoso”.

Otra parte de los españoles, sin embargo, ven con asombro que antes de que esto se llegue a sustanciar realmente, se está hablando ya de un arreglo con Hacienda, que se “conformaría” con llegar a un pacto de pago de cantidades –dos, tres, cuatro millones— en vez de aplicar sobre el jugador, si corresponde que se haga así con el código en la mano, lo que cualquier ciudadano soportaría con una falta de esas características, que es una pena de prisión.

¿Pedirá la opinión pública que Messi sea destituido como ocurriría si fuera un diputado, un ministro o un alcalde? ¿Reclamaremos al Barça que lo aparte de la formación y lo expulse, como pedimos que les ocurra a los imputados de los partidos? ¿Por qué el pueblo y la opinión pública tienen dos baremos? ¿Por qué son intolerantes con banqueros o políticos y nunca quiere ver que sus ciclistas se dopan o sus futbolistas son acusados de golfería fiscal?

Aun va a haber gente que en este caso vaya –con toda la razón del mundo— un par de pasos más lejos y más arriba. Son los que van a pedir a la Justicia que se acabe de una vez con la remolonería que hay a la hora de actuar contra los clubes de fútbol de España, que deben más que respiran, han parasitado a las cajas de ahorro que han ayudado a quebrar, ponen en jaque a las autonomías, y tienen deudas de cientos de millones no solo con Hacienda sino con la Seguridad Social.

¿Hasta cuándo se mantendrá esa ficción de “la mejor Liga del mundo” construida sobre morosidad y desvergüenza? ¿Cuántos años más pensando que no querer ver, no querer oír, no dejar hablar, beneficiará al deporte-placebo de la sociedad española? Mucha gente se lo pregunta. Y mucha gente considera que el lamentable caso de Leo Messi, cuando todo esto se confirme, debería marcar un antes y un después.

Al toro, señores del ministerio fiscal, al toro que es una mona… Actúen en buena hora ya que nadie parece decidido a hacerlo, pendientes como están todos de que el entretenimiento básico del país nunca falte.

Actúen, porque el deporte, si es que queremos proponérselo a los niños y los jóvenes como ejemplo de algo que valga la pena, debería estar configurado por gente sana y deportiva, que gane menos de la mitad de lo que ahora recibe, que tenga costumbres moderadas y saludables, que deje de lucirse como derrochadora y caprichosa y que proporcione constante ejemplo de esfuerzo y honradez.

 

PUCHE