Hay algo profundamente absurdo en el debate de la vivienda
Podemos pasarnos horas discutiendo quién tiene la culpa mientras quien necesita una casa sigue sin encontrarla a un precio que pueda pagar. El propietario acaba convertido en sospechoso, el inquilino en rehén y el político en comentarista de una situación sobre la que tiene responsabilidades y capacidad de actuar. Mucha explicación. Al final, buscas piso y encuentras el mismo panorama.
Mientras tanto, tú aplazas una mudanza, descartas un trabajo o sigues en casa de tus padres porque las cuentas no salen.
También ellos hacen cuentas: cuánto podrán ayudarte y durante cuánto tiempo. La espera tiene un coste que rara vez aparece en los balances públicos. Lo pagas con dinero, con dependencia y con años de vida provisional. Tu vida también tiene plazos, aunque nadie los lleve al Consejo de Ministros.
En un vídeo que compartimos al final de este artículo, Javier Marzal plantea una idea que merece ponerse en el centro del debate: utilizar suelo público, construir viviendas, ofrecer alquileres asequibles y conservar ese patrimonio para las siguientes generaciones. La Administración pondría una alternativa sobre la mesa. Y una alternativa real cambia mucho más tu vida que otro discurso sobre lo mucho que comprende tus dificultades.
La idea tiene precedentes. En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, durante el franquismo, España movilizó suelo, financiación y construcción mediante distintas políticas de vivienda protegida. Aquellos programas combinaron alquiler y acceso a la propiedad; Marzal propone conservar las viviendas en alquiler público. Las diferencias importan, pero también la pregunta que deja el precedente: ¿qué capacidad tenemos hoy para construir allí donde hace falta?
Los programas actuales deben responder a esa pregunta con viviendas entregadas, precios y plazos. A quien sigue buscando piso le sirve de poco aprenderse el nombre del siguiente plan. Necesita saber cuándo podrá entrar y cuánto tendrá que pagar. Cada anuncio debería llevar una fecha de entrega y un responsable al que pedir explicaciones si se incumple.
Para llevar esta propuesta a la práctica hacen falta cuentas contrastadas: cuánto cuesta construir, mantener y gestionar esas viviendas. Y una decisión política que se sostenga durante años: cuánto vamos a invertir, de dónde saldrá el dinero y qué otros gastos pueden esperar. Después habrá que conseguir que el suelo, los permisos y las obras avancen. Una partida presupuestaria todavía no es una casa.
Lo interesante es qué queda después de invertir.
Un parque de viviendas bien gestionado ofrece un servicio, conserva patrimonio y obtiene ingresos por alquiler que ayudan a sostenerlo. Puede seguir necesitando apoyo público, y habrá que explicar cuánto. A cambio, las casas quedan y pueden servir a las siguientes generaciones. Ese patrimonio merece una gestión transparente, mantenimiento y criterios de acceso claros. Bastante cuesta pagarlo entre todos como para que termine administrándose como un favor de partido.
Ahora imagina una oferta suficiente de viviendas asequibles en la zona donde buscas casa.
Si pudieras pasar de pagar 900 euros a 450 por una vivienda comparable, ahorrarías 5.400 al año, manteniendo iguales los demás gastos. Es un ejemplo, no una tarifa prometida. Ese margen podría permitirte afrontar un imprevisto, ahorrar o dejar de pedir ayuda a tus padres. La libertad también se juega en lo que te queda en la cuenta después de pagar el alquiler.
Para eso hace falta construir suficientes viviendas allí donde la gente las necesita. Un puñado de pisos con una lista interminable de solicitudes deja a demasiadas personas esperando. Preparar suelo y agilizar permisos exige trabajo menos vistoso que una rueda de prensa. Construir, además, lleva tiempo. Precisamente por eso, cada año perdido en anuncios retrasa una solución que ya llega tarde.
Una posición liberal puede defender que el Estado utilice bien su suelo y facilite que empresas, cooperativas y particulares construyan.
Puede exigir seguridad jurídica al alquilar y cuentas claras al invertir dinero público. La promoción pública y la privada pueden ampliar las opciones del ciudadano. Esa debería ser la medida: cuántas posibilidades tienes de elegir dónde vivir sin depender de tus padres, de un sorteo o de un favor.
La próxima vez que un responsable público te anuncie que la vivienda es su prioridad, pídele tres cosas: suelo preparado, financiación identificada y viviendas entregadas.
Pídeselas a tu alcalde, a tu gobierno autonómico y al Gobierno de España, cada uno dentro de sus competencias. Guarda la fecha del anuncio y vuelve a comprobar los resultados. Tú necesitas una casa; ellos administran recursos para facilitar que puedas encontrarla. Después de tantas explicaciones, ya va siendo hora de hablar de llaves.

Jose Navarro ✶
Vídeo de Javier Marzal https://www.facebook.com/Javitattooers/reels/
Ver en Instagram. https://www.instagram.com/reel/DeGzlllMbY5/?rpxt=azM5bGs5OGd1MG5mhttps://www.instagram.com/reel/DeGzlllMbY5/?rpxt=azM5bGs5OGd1MG5m










