«A diferencia de usted, yo seré un perro, pero no tengo amo.»
Pedro Sánchez. Congreso de los Diputados, 9 de septiembre de 2026.
Seré un perro, pero no tengo amo. Estupendo. Aceptemos lo del perro. Ahora veamos lo del amo.
Porque un perro puede no tener dueño y seguir dependiendo de aquello que encuentra alrededor. Puede moverse libremente y saber perfectamente dónde está la comida, dónde el refugio, qué verja se abre y qué territorio conviene no abandonar. No tener dueño no significa no depender. Y no estar sujeto a una correa tampoco significa vivir fuera de toda influencia.
Pedro Sánchez negó en el Congreso estar sometido a chantaje alguno por Marruecos. Conviene empezar por ahí:
No existe prueba pública de que Marruecos chantajee al presidente del Gobierno, como tampoco existe prueba de que Rabat estuviera detrás del espionaje con Pegasus sufrido por su teléfono. La Audiencia Nacional volvió a archivar provisionalmente esa investigación en enero de 2026 al no haber podido determinar la autoría. Pruebas, no indicios. Aceptado. Pero las fechas tienen esa mala educación: cuando uno las coloca juntas, se quedan mirándonos.
En mayo de 2021
Miles de personas entraron irregularmente en Ceuta después de que las fuerzas marroquíes relajaran el control fronterizo. El Parlamento Europeo rechazó entonces expresamente la utilización por Marruecos del control fronterizo y de la migración como instrumento de presión política contra España. El perro ladró. Y se le entendió perfectamente. También en mayo de 2021 fue infectado con Pegasus el teléfono de Pedro Sánchez.
En marzo de 2022
España comunicó que consideraba la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental de 2007 «la base más seria, creíble y realista» para resolver el conflicto. Aquello supuso un cambio relevante en la posición española, aunque no un reconocimiento jurídico de la soberanía marroquí sobre el territorio.
En abril llegó la reconciliación.
La Moncloa definió a Marruecos como «socio estratégico indispensable» y Sánchez explicó en Rabat que la cooperación debía profundizarse porque «lo contrario no sería una opción» y porque «la interdependencia en todos los ámbitos es una realidad incontestable».
- No unan los puntos. No se me vayan ustedes a poner conspiranoicos precisamente ahora. Habría quedado un artículo estupendo.
Lo único que podemos afirmar es que España necesita la cooperación marroquí en inmigración, seguridad, lucha contra el terrorismo y relaciones económicas. Y Marruecos necesita también a España y a la Unión Europea. Interdependencia. La palabra la eligió el propio presidente. Fantástico. No hay amo. Sólo un socio indispensable, una cooperación cuyo contrario no sería una opción y una interdependencia incontestable. Y todo ello sin pronunciar correa.
Llegó entonces julio de 2026.
Decenas de miles de personas cruzaron hacia Ceuta en una crisis fronteriza sin precedentes. La documentación del Parlamento Europeo estima unas 80.000 entradas el 30 de julio. Antes, el CNI había alertado de convocatorias difundidas en redes sociales para intentar un asalto masivo a la frontera. Había alerta. Faltaba el resultado. Y llegó.
Después vinieron las preguntas. Quién sabía qué. Cuándo lo sabía. Qué información recibió cada organismo. Qué responsabilidad correspondía a cada administración. La Audiencia Nacional investiga parte de esos hechos. Pedro Sánchez respondió con una fórmula impecable: «Pruebas, no indicios». Y cuando le preguntaron por los menores que permanecían en las calles de Ceuta respondió: «Eso pregúntaselo a Vivas».
Y la perrera se puso en marcha.
Fernando Grande-Marlaska habló de «inseguridad subjetiva». Óscar López situó a Juan Jesús Vivas en clave electoral. Óscar Puente habló de una oposición «de boquilla» y de «profunda deslealtad». Tres ministros. El mismo Vivas. Casi al mismo tiempo. Qué oído.
¿También perros sin amo? ¿Llevan collar? ¿O simplemente han oído ladrar y han mirado todos hacia el mismo sitio? Pruebas, no indicios.
Lo curioso es que, cuando Sánchez dijo «pregúntaselo a Vivas», nadie en el Gobierno pareció preguntar: «¿A quién?». Días antes, Óscar Puente había celebrado en redes sociales: «Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez». Y añadía: «Y una vez más, la resuelve solo». Solo. Bueno, solo con la cooperación de Marruecos. No nos pongamos tiquismiquis.
Para resolverla estaba Sánchez. Para lo que quedó, estaba Vivas. La crisis, por lo visto, se resolvió sola. Y después se reaVivas.
El Congreso terminó reprobando a Marlaska. Eso tampoco demuestra que Vivas tenga razón en todo ni convierte al ministro en responsable universal de cuanto ocurrió en Ceuta. Significa algo bastante más modesto: que las preguntas siguen abiertas.
- Y hoy, cuando este artículo estaba prácticamente terminado, Europa ha hablado.
El Parlamento Europeo ha aprobado por 339 votos a favor, 225 en contra y 16 abstenciones una resolución de apoyo y solidaridad con Ceuta y Melilla. Denuncia la instrumentalización de la inmigración irregular como «herramienta de guerra híbrida contra la integridad territorial de un Estado miembro», reclama el respeto incondicional de la integridad territorial y pide expresamente a las autoridades marroquíes que cumplan sus compromisos sobre gestión fronteriza, identificación y readmisión.
Los socialistas europeos votaron en contra de la resolución.
Y aquí conviene volver a nuestra vieja disciplina: ese voto no demuestra que los socialistas protejan a Marruecos. Tampoco demuestra por qué votaron así. Demuestra que votaron no. Pruebas, no indicios.
Una sospecha no es una prueba. Pero tampoco estamos obligados a cerrar los ojos hasta que aparezca una sentencia. Entre una cosa y otra queda un lugar bastante incómodo: la pregunta.
Quizá llevemos demasiado tiempo buscando una persona cuando teníamos delante un sistema. España necesita a Marruecos. Marruecos necesita a España y a Europa. Europa necesita que su frontera exterior funcione. Ceuta necesita saber qué ocurrió. Y el Gobierno necesita explicar por qué algunas preguntas parecen recibir respuestas distintas dependiendo de quién las formule. Todo muy libre. Naturalmente.
Así que hagamos caso al presidente. Pedro Sánchez es un perro sin amo. No hay pruebas de lo contrario.
Hay dos crisis en Ceuta, un teléfono infectado, un cambio sobre el Sáhara, una reconciliación, un socio «indispensable», una «interdependencia incontestable», varios ministros que, cuando Sánchez señala a Vivas, parecen descubrirlo todos a la vez y, desde hoy, un Parlamento Europeo que ha decidido introducir expresamente a Marruecos en su resolución sobre Ceuta.
Nada demuestra que exista un amo.
Naturalmente.
No hace falta seguir mirando la correa. Miremos al perro. Miremos quién ladra. Y miremos la verja.
Porque quizá sólo quede una pregunta verdaderamente sencilla:
¿De qué lado está el pestillo?
Jose Navarro ✶









