Descubro una presentación musical en nuestra ciudad del cantante valenciano Javier Botella, que está acompañado por un grupo de artistas de relieve internacional, no tengo el gusto de conocerlo, es interesante, y no parece un evento convencional.
Presenta el single “Fools Rush In”, un adelanto que pertenece al álbum “The Art of Love”, que describe un recorrido por las múltiples formas del amor a través de los grandes clásicos del Great American Songbook, que se presentará el 22 de octubre en el Ateneo Mercantil, siendo Valencia su primera parada, seguido de varias ciudades, Madrid, Barcelona y Badajoz. Le acompañan una vocalista reconocida como una de las mejores cantantes de jazz en Europa, Sara Dowling, y un prestigioso pianista también valenciano, Albert Sanz, acunado en una familia de gran arraigo musical de nuestra ciudad.
Cuando lo escuchas entiendes que es el Great American Songbook, estamos hablando de canciones populares, canciones que se convirtieron en la base del jazz y el pop tradicional de Estados Unidos; Frank Sinatra, Dean Martin, Ella Fitzgerald, Bing Crosby, son ejemplos claros. “Crooner” es como se denomina a cantantes como Javier Botella, cantantes melódicos o románticos, que interpretan baladas, y música con un estilo vocal muy íntimo, Frank Sinatra sería su máximo exponente, con una la lista muy larga, una interesante oportunidad en nuestra ciudad, y una vez visionada alguna de sus actuaciones, destacaría la calidad, bienvenido eventos de este nivel con artistas autóctonos.
La crónica de moda se ha convertido en musical, pues no, la relación es automática, es el hilo perfecto para seguir uniendo moda con otras disciplinas culturales, en este caso la música y la moda.
Este mismo estilo crooner, su ambiente, se acompaña con una forma de vestir, que anima a realizar otros enlaces, con la imagen, la pintura o la escultura, que también nos muestran las modas en cada tiempo y lugar, quedando plasmadas en sus obras. Una de las principales materias para realizar un desfile o presentación de moda, es la elección de la música, que requiere de tiempo, gusto y especial lucidez, es la expresión sonora que complementa el estilo o mensaje visual que esa colección quiere transmitir. Con una buena colección y una música bien encajada, la experiencia sensorial se multiplica exponencialmente.
Sirvan estos ejemplos de épocas, música y sus correspondientes estilismos que son inseparables:
Luís XIV, conocido como el “Rey Sol”, por no irnos más atrás, implantó leyes protocolarias en la forma de vestir, potenció la danza y la ópera, generando el inicio de la industria de la moda francesa, siendo su padre Luís XIII quien popularizó las pelucas para ocultar la calvicie, esta época va unida musicalmente a las danzas barrocas, complementado por un vestir ostentoso, minuetos, y música de cámara (para el entretenimiento), diferenciada de la música de capilla (para temas religiosos), destacando los conjuntos de violín, muestra de una época concreta donde la música y el vestir caminan íntimamente ligadas.
Dando un salto importante, los “Felices años 20”, impulsados por el final de la primera guerra mundial, donde los estilismos se liberan, vamos eliminando la presión del corsé, y el volumen incómodo del miriñaque y el polisón; llega la seda, el punto, el satén, y la música va alcanzando al unísono la misma libertad que las prendas, las formas son tubulares, y las faldas se acortan a la rodilla para poder bailar en los cabarets, que alcanzan su máximo apogeo, junto con los salones de baile, y los “speakeasies” (bares clandestinos) que florecieron donde hubo prohibición de venta de alcohol, todos estos locales incorporaron nuevos ritmos como el charlestón y el foxtrot.
El pelo engominado (Greasers), una cazadora de cuero negra inspirada en las chaquetas de aviador, pantalones ajustados vaqueros con el bajo doblado hacía arriba, y una camiseta blanca, que deja de ser interior, tiempos de posguerra, de guerra fría, modificación social importante, acompañados de la música de los años 50, la estética del rock and roll, rebeldía y libertad, ruptura de clichés, uno de los movimientos sociales, musicales, y estéticos, más potentes de la historia, con un cambio de la música tradicional americana que influirá en el resto del mundo, e inspirará a otros movimientos musicales.
Años 80, la música disco marca el ritmo de la moda, las prendas inferiores se pegan al cuerpo, las superiores se exageran, colores estridentes, el neón, las hombreras, los leggins brillantes se unen a los calentadores, Michael Jackson, Madonna, Freddie Mercury; con una respuesta autóctona en nuestro país, “La Movida Madrileña”, y como himno, “ La chica de ayer” de Nacha Pop como un abrazo a la libertad, y acompañando todos estas tendencias de forma paralela, la famosa “ Ruta del Bakalao” valenciana, “Exta si, Exta no”.
Podemos enlazar cualquier época con una música y un estilo de vestir, la moda no camina sola, ¿cuál de estos movimientos es el motor?, la ropa, la música, es evidente la influencia de flujos diversos que convergen.
La música ha marcado estilos muy concretos, los grupos musicales, los cantantes, han establecido importantes tendencias, teatralizando imágenes que impactan o transgreden lo convencional. El rock, el hip-hop, el punk, el pop, ahora el reggaeton. Gustos aparte, imágenes icónicas de la música están participando en colecciones de moda, cómo Bud Bunny con Zara, o Victoria Beckham con su propia marca.
La música genera culturas, o subculturas, que consiguen más o menos influencia, resultan pasajeras, o logran continuidad, junto con la moda son corrientes bidireccionales de expresiones creativas condenadas a caminar juntas en una sociedad cada vez más visual, la música y el vestir son movimientos creativos que nacen por circunstancias sociales de cada época, otorgándoles un respaldo y personalidad propia.










