Los graves incendios forestales que afectan estos días a distintos puntos de España evidencian un cambio que obliga a replantear la forma de afrontar este tipo de emergencias. El reto ya no consiste únicamente en disponer de más medios de extinción, sino en conseguir que el territorio sea capaz de frenar la propagación del fuego antes de que alcance dimensiones incontrolables.
Ese es el mensaje que lanza la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (Tecnifuego), que advierte de que el cambio climático está favoreciendo incendios cada vez más intensos, rápidos y difíciles de controlar.
A esta evolución se suma este año una circunstancia especialmente preocupante. Las abundantes lluvias registradas durante la primavera han favorecido un importante crecimiento de vegetación y sotobosque que ha incrementado la carga de combustible vegetal disponible en el monte y, tras varias semanas de temperaturas excepcionalmente elevadas, el potencial de propagación de los incendios.
«No podemos cambiar las altas temperaturas que estamos viviendo ni la evolución del clima a corto plazo. Donde sí podemos actuar es sobre el territorio. Esa es la herramienta más eficaz que tenemos hoy para reducir el impacto de los grandes incendios», explica Ramon Maria Bosch, coordinador del Comité de Incendios Forestales de Tecnifuego.
La prevención comienza antes del primer incendio
Para Tecnifuego, uno de los principales errores es seguir interpretando los incendios forestales como un problema que comienza cuando aparece el fuego. En realidad, los grandes incendios empiezan mucho antes.
El abandono progresivo de actividades agrícolas y forestales, la acumulación de vegetación y la continuidad de grandes masas forestales favorecen que, cuando se produce una ignición, el fuego encuentre las condiciones necesarias para propagarse con gran rapidez.
«La prevención no debe empezar cuando llega el verano. Debemos gestionar el territorio durante todo el año para que, si se produce un incendio, encuentre más obstáculos para avanzar y menos combustible para propagarse», señala Bosch.
La asociación recuerda que España dispone hoy de mejores medios de extinción y de profesionales más preparados que hace apenas unas décadas. Sin embargo, el comportamiento del fuego también ha cambiado.
«Los bomberos hacen un trabajo extraordinario y cuentan con mejores medios que nunca. El problema es que cada vez tienen que enfrentarse a incendios más complejos. Por eso la respuesta no puede centrarse únicamente en la extinción», explica el responsable del Comité de Incendios Forestales de Tecnifuego.
La implicación ciudadana, clave para reducir el riesgo
Tecnifuego considera que la prevención de los incendios forestales no puede recaer exclusivamente en las administraciones públicas, los servicios de emergencia o quienes desarrollan su actividad en el medio rural, sino que requiere la implicación de toda la sociedad.
Buena parte de los incendios sigue teniendo detrás un factor humano, generalmente asociado a descuidos o negligencias evitables. De ahí la importancia de que cada ciudadano contribuya, con un comportamiento responsable, a reducir el riesgo de incendio. Respetar las restricciones durante los periodos de mayor riesgo, extremar las precauciones en los trabajos agrícolas y forestales o evitar conductas imprudentes en el medio natural son medidas fundamentales para prevenir los incendios forestales.
Preparar el territorio frente a los incendios extremos
La asociación insiste en que la prevención exige una visión a largo plazo basada en una gestión activa, del territorio para reducir la carga de combustible vegetal y dificultar la propagación del fuego.
«La mejor manera de protegernos frente a los grandes incendios no consiste únicamente en apagar mejor el fuego. Consiste en preparar mejor el territorio para que ese fuego no llegue a convertirse en una gran catástrofe», concluye Bosch.









