Ausencia de horarios, menos responsabilidades, planes espontáneos, cenas improvisadas, festivales que parecen no tener fin, y una infinidad de eventos más que engloban y hacen más «amenos» los meses de verano. Así transcurren, cada año, las vacaciones estivales para muchos jóvenes y adolescentes en España, un periodo de aproximadamente dos meses y medio concebido como tiempo de descanso tras el curso escolar.
Sin embargo, es también durante el verano cuando las sustancias empiezan a ganar presencia en la vida de muchos adolescentes. Las características propias de esta etapa crean un contexto propicio para los primeros consumos experimentales de drogas. Lo que para algunos se vive como algo puntual y limitado al verano puede, en determinados casos, llegar a traspasar esa frontera y consolidarse como un consumo más habitual, con posibles consecuencias para la salud mental.
Por qué el verano favorece el consumo experimental
El periodo estival marca una ruptura clara con la rutina del resto del año. La ausencia de horarios, la disminución de responsabilidades y el aumento del tiempo libre configuran un escenario diferente, especialmente entre jóvenes y adolescentes, en el que las decisiones se toman con más impulsividad.
A ello se suma una vida social más intensa y la proliferación de contextos festivos: festivales, fiestas organizadas, encuentros improvisados o días sin un plan definido. Espacios en los que el consumo experimental se integra con mayor facilidad y en los que resulta más difícil establecer límites claros.
«El riesgo no está solo en consumir durante el verano, sino en la normalización de estas conductas», avisa Adrián Gallardo, director terapéutico de Esvidas. Muchos jóvenes parten de la idea de que se trata de algo puntual y controlable, pero en algunos casos ese consumo acaba prolongándose más allá de las vacaciones.
Alcohol y cannabis, las sustancias más habituales
El consumo experimental durante el verano se concentra principalmente en sustancias cuyo uso está socialmente normalizado. El alcohol y el cannabis encabezan esta lista. Las encuestas sobre consumo en población adolescente señalan que la edad media de inicio del alcohol se sitúa en torno a los 14 años, mientras que en el caso del cannabis ronda los 15.
El tabaco merece una mención específica, ya que, aunque a menudo se percibe como una sustancia menor, en muchos casos actúa como puerta de entrada a otros consumos. «Suele ser el primer contacto con una conducta adictiva y normaliza el acto de consumir desde edades muy tempranas», añade Gallardo.
Más allá de los contextos festivos, el consumo experimental en verano también afecta a personas que atraviesan situaciones de malestar emocional, soledad o vulnerabilidad, para quienes las vacaciones pueden suponer un periodo de mayor dificultad.
Más de siete horas diarias de pantallas, el triple de lo recomendado
El riesgo traspasa la frontera de las sustancias y se instaura en los comportamientos, concretamente en el uso de pantallas y dispositivos móviles. «El abuso de pantallas activa mecanismos muy similares a los de las adicciones con sustancia, especialmente cuando se utilizan para llenar el vacío o regular el malestar emocional», advierte Guillermo Acevedo, socio fundador y director de Esvidas.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que los adolescentes no deberían pasar más de dos horas al día usando pantallas. Pero la realidad dista mucho de la recomendación: en España, la Generación Z (de 16 a 30 años) supera las 7 horas diarias, de las cuales 4 son en redes sociales, según un informe de Línea Directa.
Señales de alerta tras el verano
Este tipo de consumos, tanto de sustancias como de determinados comportamientos, puede tener un impacto directo en la salud mental: aumento de los niveles de ansiedad, alteraciones del estado de ánimo, dificultades para conciliar o mantener el sueño y una sensación generalizada de malestar emocional que a menudo pasa desapercibida.
Tras el periodo vacacional pueden aparecer señales de alerta como la necesidad de consumir para relajarse, cambios bruscos de comportamiento, irritabilidad, aislamiento, descenso del rendimiento académico o laboral, y dificultades para retomar rutinas.
Ante este escenario, la prevención temprana juega un papel clave. «Detectar a tiempo es fundamental: cuanto antes se interviene, mayores son las posibilidades de reconducir la situación sin consecuencias graves», asegura Acevedo.
Esta es una pieza de carácter divulgativo sobre consumo de sustancias y conductas de riesgo en adolescentes. Si tú o alguien de tu entorno está atravesando dificultades relacionadas con consumo de sustancias o uso problemático de pantallas, puedo ayudarte a encontrar recursos de apoyo profesional.









