Juan Carlos Martínez Jiménez; «Algo que debes saber: El cliente»
Vender es algo apasionante, no es lo mismo que despachar, tener una presencia física sin ningún tipo de empatía, y sin tener un mínimo atisbo de cariño por el trabajo que realizas; esa es la responsabilidad de un vendedor, añadiendo un conocimiento lo más profundo posible sobre el producto, ajustando la necesidad del cliente a las cualidades de lo vendido, y debería aderezarse con algo de vocación.
Como en todas las profesiones de cara al público, estas personas tienen obligaciones, pero también derechos, algo que algunos clientes olvidan con demasiada frecuencia.
Que cada vez se atiende menos es un hecho, pero hay “algo que debes saber,” te desvelo lo que ocurre entre bambalinas, la parte interna de la atención. El estar contratado para realizar un trabajo, no es patente de corso para la humillación, y como hemos oído en alguna ocasión, “para eso les pagan”, no necesito saber más del pelaje del interlocutor que suelta semejante frase. Sirvan estas palabras para entender el enfoque del profesional, porque funcionamos en automático sin ser conscientes, que como clientes, nuestros comportamientos generan reacciones negativas. Todos los trabajos tienen sus características especiales, pero la atención al público necesita de habilidad social, te garantiza que vas a encontrar personas de todo tipo, y el vendedor está ligado a un comportamiento ético, te obliga la profesionalidad, pero el cliente también debería estarlo, te obliga la urbanidad.
No hay nada que pueda molestar más que un prepotente de compras, un vendedor se armará de valor, y cumplirá con su cometido, pero son especialmente desagradables para los profesionales de venta, si además lo unes a un comportamiento de nuevo rico, con unas gotas de desprecio al hablar, y lo riegas con un poco de chulería, tienes un personaje que cada uno calificará. Lo más terrible es que desprenden un halo de ser especial, y nada más lejos de la realidad, no aceptarán sugerencias, y es muy probable que intenten deslumbrarte con grandes conocimientos, por supuesto de moda, que habitualmente no suelen tener.
La indecisos, otro perfil que puede apesadumbrar cualquier operación de venta, eternizar una operación que no termina jamás, que cuando parece que ha decidido, vuelve a la casilla de salida, y volvemos empezar.
En muchos casos los vendedores van a comisión en la venta de ropa, algo a tener en cuenta, un indeciso roba tu atención, y no permite que puedas satisfacer a otros clientes, porque esa indecisión además es paralizante y absorbe todo tu tiempo. Es muy probable que termines agotado psicológicamente cuando finalices la venta; es muy aconsejable llevar una idea general al menos, dejarte aconsejar, o una vez vistas las opciones, si no lo tienes claro, finalizar la entrevista, e irte a meditar para tomar una decisión, te lo agradecerán enormemente.
Los probadores no son basureros, sobre todo cuando hay mucho público, las prendas están en perchas, y no cuesta nada dejarlas en el mismo lugar donde la cogiste, lo hago siempre en las tiendas, en muchas ocasiones hay vendedores que te dicen: “no te molestes”, pero siempre la devuelvo a su lugar, permites que otra persona interesada lo encuentre, se mantiene un orden que facilita el trabajo a los profesionales, y no es cuestión de poner “más manos”, es cuestión de educación. No es la primera vez que encuentran heces, orín, o basura en un probador, ¿es posible?, es real, y ojo, también en tiendas de nivel, que la mala educación no atiende a estatus, campa por doquier.
Para qué vamos ha hablar de dejar caer prendas y no recogerlas, o perchas, o deshacer un montón de prendas apiladas, sin hacerlo con el más mínimo cuidado; esto habla de nuestra sociedad, y no habla bien, nos cuenta qué importa poco el trabajo de los demás y de falta de empatía, por no decir de una escasa educación.
Vete un sábado, no a comprar, observa el comportamiento, y empiezas a dudar de la raza humana, hasta dónde podemos llegar.
Una costumbre para erradicar, no se entra a comprar a la hora del cierre, la jornada activa de las tiendas es lo bastante amplia para no forzar al personal a alargar su jornada, justificándose con un “lo siento”, no lo sientes, porque no lo harías, perjudicando a personas que ya llevan muchas horas de trabajo, y que por educación esperan para finalizar la operación.
Por último, el respeto al hablar, sobre todo con problemas o cuestiones espinosas, en muchas ocasiones, la mayoría, los empleados solo siguen directrices de las empresas, si consideras que vulneran tus derechos, que no lo pague el mensajero, esto demuestra madurez emocional, dándole importancia al argumento, si no hay acuerdo, existen las hojas de reclamación, o acudir a la Oficina Municipal de Información al Consumidor.
Una experiencia de compra satisfactoria requiere de buen trato y personas con conocimiento de su producto, pero se convierte en una experiencia total cuando el cliente también está a la altura de las expectativas, cuando se percibe, educación, cortesía, y respeto, lo que recibirás de vuelta te va a encantar, “ Yo te trato bien, tú me tratas bien, trato hecho”.









