Juan Carlos Martínez Jiménez: Víctima de la moda
Para algunas personas se convierte en un problema, donde se prioriza la última novedad sobre el estilo personal. Siguen a rajatabla los dictados de la moda, como medio de consolidación personal en una búsqueda de autorrealización, unido con un componente económico, porque realizar un seguimiento tan riguroso de la moda, no resulta barato.
La famosa pirámide de Maslow se utiliza en muchos cursos profesionales para demostrar infinidad de teorías, también sirve en el mundo de la moda; la pirámide explica que en la parte baja están las necesidades humanas básicas, conforme el ser humano las cubre va deseando y creando nuevas expectativas. En el pico más alto de la pirámide está la autorrealización, donde entraría el perfil de estas personas, casi fanatizadas por el mundo de la moda, siguen las tendencias de forma constante, asociándolo a una forma de reforzar su personalidad, intentando ofrecer una imagen social muy potente, una vez resueltas las necesidades básicas.
Es común que algunas personas vinculen la forma de vestir como la puerta de entrada para pertenecer a algún tipo de grupo social, tribu, o estatus, que no ven viable si no se mimetizan con la utilización del vestir como nexo de enlace. Hoy en día se extiende a otros conceptos de “moda”, los niños piden un móvil cada vez más pronto, sus amigos lo tienen, y pueden sentirse excluidos, ¿es una necesidad que un niño de 8 años disponga de un móvil, o incluso aconsejable?.
Las modas tienen un contexto cultural, temporal, incluso intelectual, sirve para enviar mensajes muy claros a los demás con el lenguaje no verbal, que supone un 90% del impacto visual inicial; con una sola mirada, y analizando una forma de vestir estamos evaluando a una persona, que es totalmente un juicio de valor y subjetivo, pero nuestro mundo social funciona así. Por esto ”los seguidores de moda”, como también se les conoce, refuerzan su personalidad, o crean una personalidad, utilizando su imagen para aumentar la autoestima.
Seguramente conoceremos a alguien con este perfil, es una forma de vida y surgirán siempre comentarios a la ropa y la imagen en cualquier contexto, porque es ahí donde expresan, o muestran su fuerza, es una cuestión prioritaria de primera magnitud en su vida.
Personalmente me resulta agotador tener que subsistir al dictado de la última tendencia como parte esencial de tu vida, lo asocio a falta de criterio, y aunque se considera una adicción no tóxica, no deja de ser exigente. Tengamos en cuenta también la parte económica, conlleva un uso muy limitado de la ropa, porque esta forma de vivir te obliga a un cambio continuo, olvidando y desechando rápidamente un sin fin de prendas que han cumplido su ciclo, han pasado de moda, obligando a un gasto elevado y bastante superfluo.
Durante una carrera profesional de muchos años en moda, se atienden millares de personas, en escasos minutos se establece un retrato robot del cliente que tienes delante, no de la persona, pero sí información suficiente para averiguar hasta qué punto pesa su forma de vestir en su vida; no solo es ser amable, son técnicas muy eficaces. Con esta información sabes cuánto está dispuesto a gastar, qué tipo de ropa va a llevar, cómo de importante es su imagen, y aquí se detecta rápido a un “ fashion victim”; con un buen profesional, estás perdido, seguro gastarás más de lo pensado, la tentación es muy grande y estimular el deseo muy fácil, sabiendo que estas personas, en muchos casos, necesitan de validación externa.
El consejo profesional es el equilibrio; confeccionar un fondo de armario básico, con prendas atemporales, esas prendas que siempre puedes ponerte, a partir de ahí, divertirte con prendas de tendencia, las que te motiven y te gusten, si es posible, que acoplen bien y resalten tu estética, pero eso ya es un tema muy personal, creo que es importante dejarse aconsejar por los profesionales en caso de duda. La moda es una forma de expresión y cumple muchas expectativas, pero como todo en exceso se puede convertir en un problema, “no soy lo que visto”, como decía el anuncio “ soy lo que como”, solo es una forma de expresar parte de mi personalidad, y es un escaparate manipulable, que puede contar, lo que quiero que cuente.
En general nos gusta, gustar, y la ropa cumple esa función social, pero es posible, que si nos obsesiona en exceso compremos prendas que realmente no necesitamos; aparte de la mercantilización extrema, existe una gran cantidad de mensajes capaces de manipular nuestra personalidad, lo que somos y lo que nos prometen que seremos, “ pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos” decía Maquiavelo.











