¿No se siente usted cada vez más abandonado? Yo sí.
Cada vez veo más sueldos inútiles. Gente que no asume ninguna responsabilidad. Gente que se pasa la pelota en todo lo que no sea cobrar su nómina. De verdad que el funcionariado necesita una buena revisión y una auditoría a lo grande. No puede ser que, en catástrofes o accidentes, la ayuda dependa de que un alto funcionario o cargo tenga que calcular si le conviene ayudar a la gente o le renta más echar atrás esa ayuda.
- Es no solo escandaloso e indignante. En mi opinión, debería ser un delito de omisión de socorro.
Tipificado por la ley, pero por lo visto solo para aplicar cuando usted pasa de largo viendo un accidente de tráfico o un atropello. Si el atropello lo sufre usted porque no hay bomberos, ni UME ni policía ni nada de nada, no hay delito. Es cuestión de “competencias”. ¿Le suena? A mí sí. Lo tengo claro desde la riada.
Otra cosa que se debería investigar muy seriamente es cómo han quedado los servicios públicos tras la pandemia. Eso del teletrabajo, eso de que no hubiera ni Peter en oficinas ni sedes, es para hacérnoslo mirar. ¿Cómo pudimos consentirlo? ¿Cómo pudimos consentir lo de las citas telefónicas? ¿Cómo pudimos consentir, por ejemplo, lo de las ITV? Porque acuérdese, no había citas disponibles, pero si uno se acercaba a las instalaciones no había nadie o tres o cuatro coches.
¿Cómo hemos consentido con tanto? ¿Cómo hemos consentido que las obligaciones sean solo para nosotros?
Esas y otras muchas preguntas deberíamos hacérnoslas a diario. Cuando no tenemos una cita para el médico. Cuando no tenemos cita para el SEPE, cuando el barro nos ahoga y no aparece nadie en días. Cuando se quema nuestro pueblo, nos desalojan y los bomberos se largan cinco minutos después… Cuando atrapados en un tren accidentado, alguien ordena a la policía regresar y no atendernos. Cuando peor aún, los responsables no saben que ese tren está accidentado hasta más de una hora después. Resulta que, si usted escribe una opinión indignada en una red social, el delito de “odio” se le puede aplicar. Resulta que, si a usted se le olvida declarar un ticket o una factura por error, el Estado puede ir a por usted con toda su fuerza, pero si tiene la desgracia de ser víctima de un accidente o una catástrofe, ese Estado no está ni se lo espera.
¿Para qué puñetas pagamos impuestos? ¿No estaremos manteniendo una serie de instituciones y servicios inútiles? En gran parte, sí.
Estamos manteniendo a una élite funcionarial que, en parte, no nos da ningún servicio. Una élite que lejos de servirnos, solo está para controlarnos, como a simples animales de granja.
Cualquier comercio o servicio tiene una “hoja de reclamaciones”. El Estado no. Los servicios públicos, de facto, tampoco. La única y patética oportunidad de poder “decir algo”, es mediante las elecciones, que como mucho nos dan la oportunidad de elegir a quién nos va a ningunear durante cuatro años. Y ni eso. Investigue un poco en los ayuntamientos, las diputaciones y demás “nidos”.
- Fíjese en esos “carguitos” y sueldos “por nada” y verá que usted votó a “Pepito” pero en el puesto siguen los que estaban con “Manolito”.
Todos bien tranquilos y calentitos en su madriguera, a costa de todos. Esto ocurre en España porque hemos normalizado un Estado obeso e inútil, que solo sirve para mantener a una clase improductiva que nos esclaviza.
Es indecente, estúpido y totalmente incomprensible, que, en muchos casos, no todos (afortunadamente) el aprobar unas oposiciones (y muchas veces ni eso) te den una vida de regalo y sin apenas obligaciones. Como en cualquier otro trabajo, lo que hay que demostrar es “productividad”, es decir, ser competente y efectivo. Hacer el trabajo y que sea demostrable que se realiza ese trabajo de forma competente y continuada. No basta con ir a fichar y después largarse al centro comercial del otro lado de la calle y después a tomar un café.
No basta con enviar correos a un CECOPI durante una catástrofe, sin más responsabilidad que la mera “asistencia”.
No basta con cumplir un horario y largarte a comer, cuando hay una alerta roja por posibles inundaciones. No basta con eso de “yo quería ir, pero mis mandos no me lo ordenaron”. No basta, porque al igual que un médico hace su juramento hipocrático, un responsable de la seguridad ciudadana, tiene, ante todo, un deber que va en el cargo, el trabajo y la paga. Y si no se asume esto, hay un montón de profesiones que se pueden ejercer sin que esto sea un requisito.
Afortunadamente no todos son así, pero desgraciadamente, cada vez son más los que sí lo son. Y esto ocurre porque no se fiscaliza. No prestamos atención hasta que la desgracia llama a nuestra puerta y comprobamos sorprendidos, que estamos más solos que la una.












