“Ya estem en falles!”. Ya ha llegado esa época del año, ese momento mágico en el que Valencia se llena de vida, de música, de charangas, de fuego, de arte. Ya llega esa época en la que, durante un mes, durante 4 semanas, la capital de la comunitat explota de alegría, diversión y emoción. Cuando el olor a pólvora conquista las calles y se convierte en su fragancia.
Las fallas son algo intangible, son cultura, pero a la vez son un sentimiento
Intentar describirlas es como ponerle puertas al campo, es imposible; siempre pasa cuando algo es irracional, cuando no eres capaz de describirlo porque hay algo mágico que lo envuelve y lo hace inexplicable. Como diría mi profesora de análisis, es “lo real”.
Es imposible contener las risas, los abrazos y los reencuentros en un texto o en una fotografía
Siempre hay matices que se escapan, cosas que no se pueden percibir si no las vives, si no las sientes. Las fallas son mucho más que una simple fiesta, es el momento de reunión con una segunda familia, con la falla, con aquellos que llevas viendo desde que eras pequeño.
Es esperar todo un año para quemar todas las naves en apenas una semana, con una intensidad desconocida, bueno, que sólo conocen aquellos que las viven desde dentro. Por eso son tan atractivas, porque nadie de fuera comprende cómo el arte puede ser quemado, pero los que ya son veteranos saben que, para volver a empezar, hay que quemar todo el pasado.
Las fallas son un nuevo comienzo, representan la fuerza de Valencia y cómo la destrucción de algo bello puede seguir siendo arte
A todos los falleros, es vuestro momento, el que habéis esperado todo el año, ahora toca quemar las naves, disfrutar e intentar tener las menos resacas posibles, por imposible que parezca, a sentir de nuevo ese “caloret faller” que habéis dejado durmiendo durante 12 meses y que se despierta en vuestras venas conforme se acerca Marzo. Señores, “YA ESTEM EN FALLES”.












