La M.O.D.A. firma una noche inolvidable ante 2.000 personas en Valencia
Alrededor de las nueve y media de la noche, con la expectación ya convertida en murmullo impaciente, La M.O.D.A. (La Maravillosa Orquesta del Alcohol) apareció sobre el escenario del Auditorio Roig Arena. Camisetas blancas, pantalones negros, instrumentos en mano y una certeza compartida: lo que estaba a punto de ocurrir no iba a ser un concierto más.
2.000 personas, entradas agotadas desde hacía meses, recibieron a la banda burgalesa como si llevaran años esperándola. Y quizá así era. Desde el primer acorde, el recinto se transformó en un espacio íntimo, cercano, donde la música se tocaba casi con las manos.

El grupo presentó su sexto álbum, San Felices, junto a sus grandes himnos
La formación, nacida en Burgos hace más de una década y forjada en la carretera, desplegó su característico folk-rock con tintes de rumba, punk y canción popular, siempre acompañado por Conchi, la intérprete de lengua de signos, parte ya inseparable de su identidad sobre el escenario.
El concierto avanzó con fuerza apoyándose en los temas de su sexto álbum, San Felices, un trabajo que mira al origen sin nostalgia impostada. “Helvética”, “Alsa pa Madrid” o “La vida en rosa” sonaron sólidas, coreadas, vivas. Canciones nuevas que ya se sienten antiguas, en el mejor sentido.

La M.O.D.A. tocó sus himnos con los que llegaron al corazón de millones de oyentes
Pero si algo define a La M.O.D.A. es su relación directa y honesta con el público, y anoche Valencia respondió con la misma moneda. Los primeros acordes de “Nómadas” levantaron un coro inmediato. Baladas como “Una canción para no decir te quiero” o “Vasos Vacíos” bajaron las pulsaciones sin romper la emoción. Y “PRMVR” fue cantada como un ritual colectivo.
La conexión era total. Miradas, sonrisas, silencios compartidos y estallidos de voz que convertían cada canción en algo común. No había distancia entre escenario y pista: solo una historia contada entre todos.

La formación repetirá este domingo, de nuevo con todo vendido
El final llegó como llegan las cosas importantes, sin artificios. “1932”, con su peso de memoria; “Héroes del Sábado”, como un canto a resistir; y “Mañana me voy a Burgos”, declaración de principios y despedida. Tres canciones que resumen a la perfección a una banda que nunca ha dejado de saber de dónde viene.
La M.O.D.A. se marchó dejando Valencia un poco más cerca de Burgos. Este domingo volverán al mismo escenario, de nuevo con todas las entradas vendidas. Porque hay noches que no se repiten, pero sí se reviven










