Denuncias como las que van saliendo desde hace unos días no sorprenden a nadie.
Ese Me too en la PSOE es algo totalmente esperado. Son los representantes del “haz lo que digo, pero no lo que yo hago.” Pero confieso que lo de la denuncia conta el fallecido Adolfo Suarez no lo vi venir. Nunca se me hubiera ocurrido. Denunciar tras casi medio siglo ya es totalmente incoherente, pero, además, denunciar a un muerto que no puede defenderse es como poco, raro.
Que se juzgue, que aporte pruebas y que nos aclare porqué ha callado durante décadas y ahora airea el suceso, es lo mínimo cuando el acusado está muerto.
Según ella, se acercó al político cuando ya no era presidente, allá por el año 1982 y hasta 1985, según nos cuenta, para “aprender de política”. Tres años en los que no se le pasó por la cabeza salir corriendo. Cierto que eran otros tiempos y que en aquel entonces la víctima era juzgada antes que su agresor, pero la posibilidad de salir corriendo siempre está ahí. Más cuando el agresor es un personaje público con una reputación que mantener. Salir corriendo cuando te ponen una navaja en el cuello es más complicado.
La cuestión es porqué lo cuenta ahora (verdad o mentira o mitad y mitad) y no es difícil de adivinar.
Tras la cascada de casos de baboseo y abuso, aireados desde la PSOE e incluso en otros partidos, urgía un “revulsivo”, algo lo suficientemente ruidosos como para tapar todo lo anterior. No dudo de que esta señora tuviera cualquier tipo de relación con el fallecido, puede incluso que se tratase del típico caso de inocente adolescente que no sabe dónde se mete. O puede que sencillamente esta señora que ya envió una carta al ex presidente en 2003 reprochándole su conducta, sea ahora una excelente baza como cortina de humo. Lo que es indudable es lo “oportuno” de esta denuncia en este momento.
Alimentar el relato que sostiene un ministerio de presupuesto desorbitado y un montón de chiringuitos adyacentes, es imprescindible ahora, ya que todas las denuncias precisamente en partidos políticos dejan en muy mal lugar el supuesto “trabajo” llevado a cabo en dicho ministerio.
- Por eso desempolvar un supuesto caso de abuso de hace más de cuarenta años es tan oportuno, parece que quieren decirnos “veis, antes los agresores se iban de rositas, ahora puedes denunciar hermana.”
Una denuncia sin recorrido penal que solo persigue reparación a la víctima. Eliminar los nombres de las calles y el del aeropuerto. Puede que incluso a Podemos se les ocurra exhumar el cadáver, no lo descartemos. Dado el nivel de chifladura de esta gente, me estoy imaginando al cadáver sentado en el banquillo.
Lo que es indudable es el oportunismo.
Sin entrar a valorar si es verdad o es mentira (eso le corresponde a la justicia) si ocurrió, muy mal, si no ocurrió muy mal también. Si como en algunas ocasiones es algo interpretable, fatal. Porque no olvidemos que, en algunas ocasiones, cuando estas cosas se investigan quedan en lo que describe muy bien el refrán popular. “Ir a por lana y salir esquilado.”
- Porque aquí hay que utilizar el sentido común y ver el mundo como es.
Si bien hay hombres y mujeres que aprovechan una situación de superioridad para abusar, también es verdad que hay gente que lo pone “a Huevo.” Me refiero a esos y esas que se creen que, con un físico o una actitud determinada, ejercen cierta influencia y pueden obtener algún tipo de favor.
- Esto existe y obviarlo es obviar la realidad. Obviar que no siempre sale como estaba planeado, también es obviar la realidad.
No sería ni la primera vez ni la última, que un intento frustrado de obtención de favores transformara un “intercambio” en un abuso. Por eso, si se denuncia, se ha de hacer en igualdad de condiciones. Tan mal estaba el tener que ser juzgada como víctima antes que, al agresor, como ahora convertir a cualquiera en agresor por el simple hecho de ser acusado.
No se trata de calificar las denuncias como falsas o verdaderas de forma total, es absurdo.












