El sector primario es el que nos da de comer cada día. La agricultura no es un adorno folclórico, ni un elemento decorativo para las postales turísticas.
Es la base material de nuestra existencia. Y, sin embargo, algunos parecen empeñados en olvidarlo. Todos conocemos aquel viejo dicho: “No muerdas la mano que te da de comer.” Pues bien, lo vemos incumplirse a diario.
En la Comunidad Valenciana lo hemos comprobado de nuevo con la riada. Miles de hectáreas afectadas, cultivos anegados, cosechas perdidas, familias que ven desaparecer en horas el esfuerzo de meses, de años e incluso de toda una vida. Y ante esta realidad, la respuesta vuelve a ser tardía, insuficiente y burocrática. Mientras tanto, la Confederación Empresarial Valenciana estima pérdidas de hasta 10.000 millones de euros, frente a los apenas 228 millones que hubiera supuesto evitarlas. Esa diferencia no es una cifra: es la distancia entre salvar un sector o abandonarlo.
La raíz del problema es conocida y sostenida en el tiempo:
La ausencia de un Plan Hidrológico Nacional que permita gestionar el agua con sentido de Estado, sin complejos territoriales, sin cálculos electorales y sin el chantaje de quien usa el agua como arma política. España pudo garantizar caudales suficientes, trasvases equilibrados y seguridad frente a estas catástrofes, pero se renunció a una visión estratégica. Y cuando se renuncia a planificar, se condena a sufrir porque la naturaleza pasa factura y el agua arrasa, destruye y condena.
Donde pudo haber seguridad hídrica, coordinación entre cuencas y prevención de daños, hubo política de luces cortas, debilidad y cesión. Y las consecuencias han vuelto a caer sobre los mismos: nuestros agricultores.
- Nuestros agricultores, los mismos que sostienen nuestra tierra cada día, llevan años soportando una forma de legislar en Bruselas que los coloca siempre en el punto de mira.
No es nuevo y no es accidental: con la eliminacion de la claúsula de preferencia comunitaria, se permite la entrada masiva de productos extranjeros tratados con fitosanitarios prohibidos aquí. Se hunden los precios, se destruye el tejido rural y se empuja a la ruina a quienes trabajan la tierra que nos da de comer.. Nuestro sector primario, de nuevo, sometido a una competencia desleal que cualquiera con sentido común rechazaría.
¿Cómo se sostiene eso? ¿Quién lo explica? ¿Quién mira a la cara al agricultor que lo sufre?
La pregunta es sencilla: si nuestros agricultores producen con normas más exigentes, más caras y más estrictas, ¿cómo pueden competir con quien no cumple ninguna? La respuesta también es sencilla: no pueden. Y esa imposibilidad no es un accidente: es la consecuencia de decisiones políticas tomadas lejos de Valencia, lejos del campo, lejos de quienes trabajan la tierra.
Todos los gobiernos hablan de ellos. Todos prometen. Pero a la hora de defenderlos, el bipartidismo se pliega al globalismo.
Se pliega en Europa. Se pliega ante intereses ajenos. Se pliega porque nunca tuvieron claro que lo primero es lo nuestro: primero lo valenciano, primero lo español.
Desde Vox lo tenemos claro: España primero y, por tanto, nuestros agricultores primero. Lo defendemos en Europa, en el Congreso, en los parlamentos autonómicos, en diputaciones y también en los ayuntamientos. La defensa es total, constante, sin titubeos.
Tenemos una ventaja decisiva: tenemos un discurso coherente. Decimos lo mismo aquí que allí. Decimos lo mismo siempre. Y lo cumplimos. No pactamos con los que atacan lo nuestro. No fingimos oposición: la ejercemos de verdad, frontal, sin complejos.
Porque la lealtad no es una palabra vacía. La lealtad es con España, con los españoles y con quienes mantienen viva nuestra tierra. Y por eso estamos, y estaremos, con nuestros agricultores. Siempre.












