Pretendemos que la población confíe en la administración, pero con pretender no basta.
Las autoridades y los funcionarios están obligados a actuar con responsabilidad y sensatez, al menos en los momentos clave. Asimismo, se exige neutralidad a los trabajadores públicos como a aquellos que gobiernan. Hay que gobernar para todos, y, sobre todo, hacerlo desde el bien común, sin priorizar lo personal, ya que los políticos están para servir, no para servirse.
Sin embargo, por mucho que reclamemos neutralidad al Gobierno central, no la obtendremos.
Continúan obcecados en su guerra sucia contra todas las Comunidades Autónomas. En realidad, el Ejecutivo no está del lado de la Administración, sino en contra del propio sistema. Aprovechan cualquier fallo de las administraciones de las comunidades autónomas y locales, para tratar de tapar los escándalos de corrupción que les envuelven, sin comprender que, con ello, no los ocultan, sino que ensucian y degradan las instituciones.
Para ilustrarlo, basta recordar al ministro Óscar Puente, un auténtico, embarrador cum laude.
Este personaje dedica buena parte de su tiempo a criticar el Metro de Madrid, entre muchas otras cosas, mientras los servicios ferroviarios que dependen directamente de su ministerio funcionan cada día peor.
Es, sin duda, un ejemplo de embarrador. Estoy convencido que lo contrataron para ello; de otro modo ¿cómo se explica que un Ministro del Gobierno de España frivolice por la red social “X” sobre un incendio en una región del país sabiendo que hay miles de personas que están sufriendo por ello?
Aunque las distintas administraciones no estén gobernadas por el mismo partido político, deberían estas obligadas a cooperar entre sí. Sin embargo, ni siquiera ante situaciones de emergencia Pedro Sánchez es capaz de facilitarle a una autonomía los recursos que solo el Gobierno estatal tiene. Ni en los incendios, ni en la DANA, ni en la Palma, … Nada.
En este contexto, creo que es el momento de recordar aquello de “Es nuestro momento”.
Una frase corta, pero llena de significado. Los valencianos estábamos ahogándonos, y mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez en un Consejo de Ministros plasmaba la más profunda perversidad, vileza, crueldad e inmoralidad en una frase anotada en un papel. “Es nuestro momento”. ¿El momento de qué? Ahora, con la perspectiva del tiempo, queda claro. Sabemos de qué era el momento… y de qué no lo era. Porque, incluso con datos de desaparecidos y víctimas mortales confirmadas, el Gobierno de España, junto con Compromís, centraba su atención en el asalto a RTVE. Ese, al parecer, era el tema que verdaderamente les importaba en ese momento.
Así gestiona el Gobierno de España las emergencias, aprovechándose de ellas para sacarle rédito político. Esa es su forma de actuar ante la tragedia: utilizar el dolor como instrumento.






