El escritor valenciano denunció con dureza la «miserable» cobertura y la inoperancia de las instituciones, empleando su habitual claridad para transmitir la gravedad de la situación y su indignación ante la falta de acción efectiva.
Un torrente brutal en 13 minutos
Posteguillo narró cómo, desde su vivienda a apenas 50 metros del Barranco del Poyo, presenció el desbordamiento del agua sin que hubiera alertas previas. “Ni siquiera llovía en Paiporta», puntualizó el autor al describir el desconcierto inicial. «En trece minutos había un torrente brutal de dos metros de agua sin control, arrastrando ramas, árboles, coches… todo», relató.
La violencia del agua fue tal que destruyó una nave industrial cercana, lo que hizo temer por la estabilidad de su propio edificio. «Tuve miedo por la estructura del edificio. Seis horas sin parar de torrentera», relató. Además, también recordó que, “vimos a gente desaparecer del agua”.
Cadáveres, saqueos y silencio institucional
El autor describió el amanecer del primer día tras la DANA, subrayando la ausencia de respuesta institucional inmediata: “Nos acostamos sin luz ni agua, pensando que al amanecer estarían la Guardia Civil, los bomberos, el ejército… Pero al amanecer no había nadie”. Posteguillo compartió lo primero que vio al salir de casa después del desastre: «El cadáver de una joven en el centro de la plaza, y al lado, su madre velando el cuerpo».
Tras el primer día, explicó cómo la noche cayó entre saqueos y un silencio inquietante que, según Posteguillo, recordó a escenas de la película La Purga.
Sin embargo, la devastación y el caos persistieron durante varios días, ya que ni siquiera al tercer día, cuando empezaron a llegar los voluntarios, hubo intervención por parte de las autoridades. Los vecinos tuvieron que enfrentar la tragedia por su cuenta, sin el apoyo de las instituciones. Posteguillo describió el escenario que encontraron al salir: calles cubiertas de barro, coches volcados y cadáveres aún sin recoger. «¿Cómo puede ser que en 48 horas no venga nadie? ¿En España? ¿Siglo XXI?», cuestionó.
Ante la inacción de las autoridades, el escritor confesó haber llamado a un amigo suyo del ejército:
«Ante la falta de respuesta institucional, decidí contactar con el ejército. Aunque no puedo revelar la conversación, al colgar el teléfono le dije a mi pareja que debíamos salir por nuestros propios medios.» De esta forma Posteguillo y su pareja decidieron abandonar la zona , llevando consigo apenas lo imprescindible. «Arrastramos una maleta kilómetros y kilómetros por un espectáculo de devastación como no he visto en la vida», recordó. De esta forma, aclaró que “el pueblo tiene una enorme solidaridad, pero con palas no pueden enfrentarse a esto».
«Ha sido muy cruel no avisar, pero es aún más cruel no ayudar con la energía que hace falta «
Ante la devastadora y apocalíptica situación, el escritor no dudó en expresar duras críticas hacia las instituciones. «Ha sido muy cruel no avisar, pero es aún más cruel no ayudar con la energía que hace falta», afirmó, señalando especialmente la difícil situación de las personas mayores y las familias que lo perdieron. Durante su intervención en el Senado, Posteguillo instó a los presentes a utilizar su influencia, por pequeña que fuera, para luchar contra esta negligencia. «En la pequeña o gran influencia que cada uno de ustedes pueda tener, luchen para que esto no sea así», pidió con firmeza.
Comparando la tragedia con los conflictos políticos del siglo I a.C., Posteguillo añadió: «En el siglo I a.C. los políticos se apuñalaban entre ellos. En el siglo XXI, los políticos apuñalan al pueblo».
Posteguillo cerró su intervención con una reflexión personal sobre el famoso verso de Antonio Machado: «Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas helarte el corazón». Sin embargo, el escritor adaptó esta frase a la realidad actual, señalando que, en su opinión, «a veces la sensación que hay es que las dos Españas nos están helando el corazón».













