Fue un Domingo de emociones fuertes en la Plaza de Toros de Las Ventas. Nadie esperaba que la tarde acabara convirtiéndose en un acontecimiento histórico. Morante de la Puebla, una de las figuras más influyentes y carismáticas del toreo, anunció su retirada en pleno ruedo. El sevillano, de 46 años, culminó su faena con dos orejas que le valió su segunda Puerta Grande en Madrid. Al acabar la vuelta al ruedo, se detuvo en el centro de la arena, se quitó la montera y se cortó la coleta.
La tarde de su retirada coincidía con el festival homenaje a Antoñete, una de las grandes figuras del toreo madrileño, de quien Morante se declaraba ferviente admirador.
La retirada de José Antonio Morante Camacho no estaba anunciada. Pese a que en los últimos años había atravesado periodos de pausa y dudas, su regreso triunfal en 2025 había hecho pensar a los aficionados que aún quedaba Morante para rato.
Pero el torero, fiel a su carácter imprevisible, eligió la sorpresa como colofón a una temporada excepcional. Tras salir a hombros, pidió silencio y protagonizó una de las escenas más simbólicas que se recuerdan en Las Ventas: el adiós sin palabras de un artista.
Un torero de época: arte y genio
Morante de la Puebla ha sido, durante más de dos décadas, una figura esencial de la tauromaquia del siglo XXI. Admirado y discutido a partes iguales, su estilo clásico, inspirado en los grandes maestros del toreo sevillano, le convirtió en un referente de la estética más pura.
Su temporada 2025 se ha contado por triunfos y ha estado marcada por una conexión especial con el público joven. Entre sus tardes más memorables figura la de abril de 2023 en la Maestranza de Sevilla, cuando cortó el rabo al toro Ligerito, de la ganadería de Domingo Hernández, un hecho que no se producía desde 1971 con Ruiz Miguel. Aquel día, Sevilla entera se rindió a su toreo.
La salud mental
Su carrera ha estado marcada también por la lucha contra sus propios fantasmas. En 2024 sorprendió al mundo al anunciar una retirada temporal por problemas de salud mental, reconociendo que sufría desde joven un trastorno disociativo, una enfermedad que provoca desconexión entre la mente y la realidad.
“Es una enfermedad muy compleja, muy triste y muy dolorosa”, confesó en una entrevista. A esa dolencia, diagnosticada a los 22 años, se le sumó un cuadro depresivo severo que se agravó en los últimos años y que le obligó a someterse a tratamientos con electroshock, causando amnesias parciales. “Hay momentos de mi vida que no recuerdo”, admitió entonces.
Su reaparición en marzo de 2025 en Almendralejo había devuelto la esperanza a sus seguidores. Aquella tarde, al abrir la Puerta Grande de la plaza extremeña, muchos interpretaron que el torero había vencido a la oscuridad. Pero ahora, tras su gesto final en Las Ventas, parece claro que la decisión de retirarse responde también a un proceso personal de aceptación y cierre.
De niño prodigio a leyenda
El vínculo de Morante con el toro nació muy pronto. Con solo cinco años ya toreaba becerras, y antes de cumplir los nueve se presentó ante el público por primera vez. Su debut oficial como novillero sin picadores llegó el 3 de agosto de 1991, en Montellano (Sevilla), cuando aún no había cumplido los doce. Aquel día vistió un traje celeste y oro que hoy es casi una reliquia familiar.
Debutó con picadores en 1994 y tomó la alternativa en Burgos en 1997, iniciando una carrera que alternaría tardes de gloria con periodos de silencio o retiro. Su personalidad reservada y su constante búsqueda del arte puro marcaron su trayectoria. A lo largo de su vida profesional ha cosechado innumerables trofeos, salidas a hombros y reconocimientos. Sin embargo, ayer en Las Ventas, donde tantas veces soñó con la gloria, Morante escribió su última faena: la del adiós.












