Hace unos días, escuchando la radio, me di cuenta de la inundación de los libros en las redes sociales. A priori, no es para preocuparse; al contrario. Hasta que escuché: «la moda de presumir cuántos libros has leído«. El problema está en que hemos llegado a un punto tan sumamente grave… Yo entiendo que las redes sociales son la reina de «Todo Perfecto«, un reino en el que convivimos desde hace tiempo y del que seguimos alimentándonos, aunque nos deje siempre con hambre. Sé que fingir y presumir en las redes está a la orden del día: parecer que eres grande, sea en los viajes, en deportes o donde sea, incluso a la hora de hacer política.
Presumir de haber leído no es un arte
Decir que has leído cientos de libros no te convierte en sabio. La lectura no es una medalla que se cuelga del cuello ni un trofeo que se exhibe en redes. Lo importante no es la cantidad, sino lo que queda dentro de ti: las ideas, las preguntas, las emociones que un libro te deja. Además, presumir de leer pone en venta la curiosidad de uno mismo. De hecho es que presumir es un acto cobarde en sí mismo por naturaleza ya que no se afronta la realidad, se esconde detrás de una versión perfecta que solo existe en redes. Otra vez volvemos al Reino de Todo Perfecto.
No obstante, todo hay que decirlo, ahora mismo presumir de haber leído sí se ha convertido en un arte: un arte falso, valorado y aplaudido en las redes sociales. Al final, quien presume mucho, aprende poco.
Está de moda presumir cuántos libros has “ingerido”. Dicho así, literal, porque la palabra encaja con el afán de tragarse páginas sin apenas masticarlas. La consigna es clara: leer muchísimo, la buena cantidad. A ver quién lee más. A todo lo dicho, no hay que obviar la gran utilidad de las redes sociales en la difusión de contenido divulgativo literario. Eso sí es un arte.
El problema no está en la cantidad, sino en la intención
Parece que hoy hemos convertido la literatura en un reino de medallas imaginarias. En este sentido, parece que cada página leída sea una medalla o algo que hay que exhibir. Es decir, ahora leer libros ya no es un puente que construimos para descubrir nuevas ideas o hacernos preguntas para saber más y para adquirir conocimientos. Ahora es un trofeo que esperamos recibir por adelantado.
Es ahí cuando el lector se vuelve, si se me permite la expresión, cada vez más inútil. No solo porque no lee de verdad y no absorbe conocimiento, sino porque al presumir de libros, su cerebro engaña al lector: cree que ya ha vivido esa lectura, que ya sabe lo que el libro puede enseñarle. Es una idea muy compleja pero te desgloso un ejemplo, si presumes de haber leído Cien años de soledad, tu mente interioriza que ya conoce Macondo sin haberlo visitado realmente y, en consecuencia, hasta la edad de tu muerte, ese libro ya no te llamará de verdad. En pocas palabras, has creado la ilusión de haber leído, pero no has abierto la puerta al descubrimiento.
Ojalá mañana vuelva a estar de moda que un libro te lea a ti
De entre todas las consecuencias, debemos de tener cuidado porque caer en esta moda empobrece la experiencia real de leer. Personalmente soy una persona que subraya mucho la idea de ser auténtico. Que no hay nada ni nadie mejor que una persona auténtica y comprometida. Por eso, queremos evitar perder esa satisfacción que nos produce comprender algo que antes no sabía.
En definitiva, si hoy está de moda presumir cuántos libros has ingerido, ojalá mañana vuelva a estar de moda que un libro te lea a ti.










