Cada verano, las llamas vuelven. Arrasan montes, desalojan familias, borran en horas lo que la naturaleza tardó siglos en crear. Y lo más doloroso: muchas de esas tragedias podrían evitarse. Lo digo desde la experiencia de mi municipio, Serra: el fuego no siempre es inevitable… pero la indiferencia sí es mortal.
En Serra hemos aprendido que la mejor forma de apagar un incendio es impedir que empiece. Por eso en 2025 destinamos 50 000 € a reparar y mejorar más de 7 kilómetros de pistas forestales estratégicas, como la del Pla de Banyet, y próximamente el camino del Barranco de la Font y otros. Estas actuaciones no son un simple arreglo: son arterias que garantizan que los bomberos puedan entrar rápido y, si es necesario, que nuestros vecinos puedan salir a salvo.
También hemos puesto ojos y oídos en el monte. 21 sensores y una cámara de vigilancia 360° vigilan temperatura, viento y humedad. Estos dispositivos permiten detectar un incendio en segundos y conocer cómo evoluciona, lo que mejora la toma de decisiones en tiempo real: si confinar, evacuar o cómo desplegar los medios. En esta lucha, cada minuto ganado es una hectárea salvada.
Además, Serra participa en el proyecto Valencia BioValoriza, impulsado por la Diputación de Valencia en nuestra mancomunidad y en la de Tierra del Vino.
El objetivo es claro: gestionar de forma sostenible nuestros bosques para reducir la “gasolina” vegetal que alimenta los grandes incendios. En Serra se actuará sobre unas 30 hectáreas, aunque aún no se han iniciado los trabajos. Este tipo de proyectos son esenciales para cambiar el futuro de nuestros montes.
Pero lo digo alto y claro: no basta con tener planes, hay que tener manos. Sin brigadas forestales permanentes, como las EMERGE, no podremos mantener cortafuegos, limpiar barrancos ni proteger la interfaz entre el monte y nuestras casas. Un plan sin gente que lo ejecute es solo papel.
Las medidas que ya hemos puesto en marcha tienen un impacto real: mejoran el acceso, reducen el riesgo, ganan tiempo y protegen vidas. Pero aún falta: ampliar la red de sensores, mantener cada año pistas y cortafuegos, y que cada vecino entienda que la prevención también es suya.
Porque la prevención no es un gasto: es la única inversión que puede salvar lo que el fuego jamás nos devolverá. Serra lo está demostrando, pero necesitamos que este compromiso sea de todos. El fuego no entiende de fronteras… pero la prevención tampoco debería.






