– Lo dicho, nada más cierto, China ha inventado la pólvora; es posible que hubiera alguien en alguna parte del mundo que no conociera esa información.
Es muy posible que alguien desconozca, que también es muy probable, y no meteré la mano en el fuego, por riesgo alto a quemarme, que en las mismas fábricas que se confeccionan estas prendas, por otra puerta, puedan salir las imitaciones.
Recuerdo cómo un comprador de una empresa de confección importante en España, acudió para confeccionar prendas en este país; cuál fue su sorpresa cuando pensaban que por el volumen de la compra iban a poder negociar con buenas condiciones y ajustar al máximo los costes. Me confesaba que se quedó petrificado cuando le dijeron que unas 400.000 prendas estarían en dos semanas… Adiós a su fuerza de negociación comprando grandes cantidades.
Que un volumen muy alto de la confección está en China, no es ninguna sorpresa; que hoy resulta ya más caro confeccionar allí, tampoco lo es; que se han abierto nuevos mercados en el norte de África, y que seguirán buscando en este continente para conseguir mano de obra barata, tampoco.
Esta semana realicé un sencillo estudio de mercado para comprar una bermuda de hombre. Los llamados precios de arranque que conocíamos de empresas potentes, que sabemos confeccionan en Oriente, han subido a niveles extraordinarios. Aquellos famosos 19,90 € y 24,90 € ya no existen; una bermuda de confección más que normalita, por calificarla de alguna manera, está en 29,90 € y, un poco mejor, sin tirar cohetes, en 39,90 €. Una cosa son las empresas que van a confeccionar a Oriente o África y otra las que nacen allí. Las condiciones laborales de estos países van mejorando, y esto aumenta los costes; por otro lado, la exigencia a la calidad del producto, origen del textil y condiciones laborales es más exigente en este momento en Occidente, pero las que nacen en esos países juegan con ventaja e inundan con millones de prendas el mercado mundial, y con escasos controles.
Si pensaban que generaban algún daño a la confección de lujo, se equivocan. Estas firmas ya aminoran el impacto con grandes campañas de marketing, donde priorizan otros factores: el diseño, la calidad, el estatus de la marca, para minimizar el origen de la confección, es decir, pasarlo a un segundo plano y relativizar su importancia.
Por otro lado, las sociedades occidentales están desbocadas con el consumo de prendas de vestir; van dos ejemplos: en Ghana hay vertederos de ropa vieja con la altura de montañas de más de cien metros de altura, que provienen de Europa; en su capital, Accra, se reciben más de 400.000 toneladas de material textil al año. Imagina, con el ejemplo anterior, cuántas prendas se pueden confeccionar por semana, y nos permitiremos un pequeño comparativo del excedente brutal e innecesario de la fabricación que se está realizando.
En la región de Tarapacá, en el desierto de Atacama en Chile, existe uno de los vertederos más grandes del mundo de textil, y se reproduce la misma situación: miles de toneladas de ropa amontonada.
Si tenemos en cuenta que el textil es la segunda industria más contaminante, la preocupación no deberían ser los aranceles, la preocupación debería ser confeccionar mejor, controlar una confección sostenible y no permitir ninguna prenda que no reúna unos estándares de confección y que atente contra nuestro hábitat. Pero esto se reducirá a una cuestión económica, una vez más. ¿Crees que cualquier persona que compra lujo está preocupada por el precio de su ropa? No me contestes: NO. ¿Sería razonable exigir prendas mejor confeccionadas, con garantía de calidad, con mayor durabilidad de uso, que pueda reciclarse y sobre todo parar la rueda del low cost? Sin duda.
Los americanos empiezan a ponerle el cascabel al gato. Temu exportaba sin aranceles de importación, conocida como la exención de minimis, por importes inferiores a 800 dólares, con un claro perjuicio a la competencia estadounidense. Desde ahora sus clientes tendrán que pagar cargos de importación. A buen entendedor pocas palabras bastan.










