Tres días frenéticos, de esperas, de socializar, de saludar a diestro y siniestro, con reencuentros, algunos sorprendentes, y conociendo nuevas personas muy especiales y encantadoras. Este sería el resumen de las vivencias personales que he podido experimentar en esta nueva edición de la Mediterránea.
A nivel profesional, podría empezar desgranando las colecciones presentadas por los diseñadores, pero esto ya lo han realizado exhaustivamente diversos especialistas en moda y la propia organización.
El nivel lo calificaría de bueno, con colecciones más y menos brillantes, como todo en la vida, y para gustos los colores, pero creo que el resultado general supera el notable. Como observación constructiva, mejoraría la experiencia del público en la entrada, y sobre todo la luz; llámame tiquismiquis, pero la luz natural y de techo no son mis favoritas para resaltar los modelos, y sobre todo los tejidos. Concentrar toda la atención sobre la prenda realza hasta el más mínimo detalle, matices, costuras y color. Poner los focos, y nunca mejor dicho, sobre lo principal y disfrutarlo como lo que es, una creación artística.
Pero entremos en lo mollar, la organización consiguió llenar todos los desfiles y con otro espacio se podría duplicar la afluencia sin pestañear. Han cifrado en más de 5.000 personas las que han asistido a los desfiles; en cualquier evento de menor entidad, con menor relevancia, y en algún caso, con motivos rocambolescos, llegan ayudas institucionales.
Desde 1910 con Paul Poiret, diseñador francés, bautizado como “El rey de la moda”, y creador de la primera pasarela en París en las famosas “maisons”, las pasarelas se han realizado de forma continuada y con un éxito incontestable. Hoy en día con más razón, por la repercusión y difusión en las redes sociales.
En esta edición, la Mediterránea reunía moda, solidaridad y arte. Este último segmento bien representado por Jesús Arrúe, con una magnífica colección de obras que se podían contemplar en un salón dentro del palacio.
Además Jesús acaba de donar a la Diputación una obra de gran repercusión mediática, que originalmente era un cartel conmemorativo del evento benéfico “Valencia en peu”, y, como resaltan, reafirma su compromiso con la memoria y el patrimonio cultural de la ciudad. Jesús me explicaba el significado de la obra, con una mano saliendo del barro, resurgiendo con fuerza renovada, y con una clara alusión al espíritu luchador de nuestra gente.

Una pasarela que parte de cero necesita de un buen soporte para que crezca, y salvo el espacio cedido, siendo agradecidos, las ayudas se reducen a la nada. Valencia dispone de espacios espectaculares para ser cedidos, aportar medios económicos, y darle la dimensión adecuada al evento, involucrando a las administraciones públicas necesarias, lo que se traduciría en una singularidad especial y única.
Esto no es la pescadilla que se muerde la cola, es el tiburón que se muerde la aleta: si no se apoya, no crece; si no crece, no llegan firmas de mayor nivel; si no llegan esas firmas, no se consiguen patrocinadores; al final se desiste, desaparece y volvemos a empezar de nuevo.
El esfuerzo de este equipo me parece titánico, sacan agua del desierto, lo puedo decir en primera persona, se ha realizado un buen trabajo, pese a tener que pelear en solitario. Una pasarela necesita un equipo bien coordinado, un programa bien diseñado, y esto parece que está bastante resuelto.
Los que hemos tenido la suerte de ver alguna gran pasarela, visualizamos sin mucho esfuerzo el potencial disponible.
Madrid inicia la Mercedes Fashion Week, y las autoridades madrileñas están volcadas en su éxito. El nivel de implicación es muy grande y dan envidia, si existe, sana. Aparte de los desfiles en las instalaciones de Ifema, están previstas pasarelas en distintos lugares de la ciudad, y van a convertir a Madrid en el centro de la moda europea por unos días.
¿Disponemos nosotros de las personas adecuadas en nuestras instituciones públicas para apoyar a construir una pasarela ambiciosa, capaz de crecer, con el soporte necesario, y con una visión del beneficio que esto supone a largo plazo?
Visto lo visto, la duda me corroe. ¿Es falta de visión, de capacidad… o desidia? En la próxima edición, la respuesta. Rectificar es de sabios.











