El primero, el de Mouliaá contra Errejón es todo un espectáculo.
Se está juzgando si hubo una agresión por parte de Íñigo a esta señora y las declaraciones de ambos son todo un poema. Él (debe existir el karma) tuvo que admitir que “nadie habla con consignas en la vida real” cuando llevan más de una década dándonos la turra con su credo. Ella admitió que no salió despavorida de la habitación (en una casa llena de amigos suyos, no de Íñigo) donde se supone que fue agredida, sino que, además, se fue con él a casa compartiendo coche. Todo de una incoherencia total y lo más incoherente de todo este circo, es que lo más comentado fue el lenguaje del juez. No dudo de que Errejón, seguramente tendrá muchas cosas por las que rendir cuentas, pero definitivamente esta no creo que sea una de ellas.
El otro es el famoso juicio del “piquito de Rubiales”. Un señor que, tras ganar un mundial, le da un beso a una jugadora en un momento de euforia. Es ridículo.
¿Qué pensarán las verdaderas víctimas de este tipo de crímenes viendo estas patochadas? ¿Qué pensarán las niñas violadas por manadas de importación? ¿Qué pensarán esas victimas viendo que sus agresores (que dicen ser menores) se van de rositas con un cursillo sobre sexualidad? ¿Qué pensarán las victimas de abusos en centros de acogida? Pues no me lo puedo ni imaginar. No me puedo imaginar su perplejidad e indignación viendo cómo un juez tiene que perder el tiempo con estas cosas.
Está muy claro que estos dos juicios son interesados y que ambos son escándalos creados con intereses políticos.
En el caso de Rubiales se nota que había ganas de librarse de él (por la razón que fuera) y que se aprovechó una anécdota para justificar el desastre creado por el PSOE y PODEMOS con la esperpéntica ley del “si es si”. De la misma forma que Mouliaá denunciando a Errejón, denuncia que sobre todo ha servido para que tuviera que dimitir, cosa poco lamentable, por cierto.
Todas estas maniobras y todas estas leyes absurdas solo parecen tener un fin, y es el de provocar y dividir. Lo que hoy copa la “izquierda” no es izquierda como siempre se ha entendido, lo que tenemos ahora son grupos enfrentados entre sí y más preocupados en ese enfrentamiento que en cosas importantes.
Tanto PSOE, Podemos o Sumar se dicen feministas, pero jamás un gobierno fue tan perjudicial para las mujeres en España.
La tristemente famosa ley trans es un bozal al sentido común. Censura pura y dura. Un gobierno que se dice feminista es el responsable de habernos quitado a las mujeres muchos derechos, por la vía retorcida de otorgarlos a los hombres. Si, por ejemplo, mi gato pudiera hablar y decir que es una gata, y yo simplemente le señalara su error, mi gato podría denunciarme por delito de odio. Si yo veo a un señor disfrazado con minifalda, peluca y barba de cinco días y digo que es un señor, me pueden acusar de un delito. Si entro con una niña en un vestuario y hay un señor en pelota picada, que dice que se auto percibe mujer, enseñándole su aparato reproductor y yo me quejo, puede denunciarme por delito de odio. Esto es, que el delito de odio se aplica mayormente para que tengamos que tragar con todo tipo de barrabasadas.
Este gobierno se ha dedicado a legislar para convertir en delito todo lo que no le conviene, y no solo el puro sentido común.
Han conseguido que lo que claramente era un delito y se juzgaba como tal, ahora sea “interpretable”. han conseguido que salga mucho más barato (en términos penales) violar que señalar una obviedad. Han conseguido que un porcentaje mínimo de la población pueda robarle la identidad a la mitad de los habitantes del pais.
Este gobierno “feminista” ha legislado en favor de violadores y agresores. Este gobierno, del que Yolanda Diaz es vicepresidenta, no ha dicho ni pio sobre los cuatro imputados cercanos a ella, por delitos como agresión sexual a menores o pornografía infantil.
Ver cómo se utilizan las instituciones y la justicia en este tipo de exhibiciones populacheras es sangrante. Es urgente revertir esta situación. España tiene graves problemas y uno de ellos son estas leyes contra el sentido común, que solo sirven para crear enfrentamiento donde antes no lo había. Leyes que no sirven para proteger a los ciudadanos, y que más bien parecen hechas para protegen a los delincuentes.











