Begoña y Eva, amistad y competencia en la calle Bonaire

Begoña se levanta cada mañana para abrir su tienda en el centro de Valencia. Pero antes de empezar la jornada laboral, queda con Eva para tomar un café y desayunar juntas. Después del tentempié ambas van a abrir sus respectivos negocios, situados uno frente al otro en una calle peatonal, a apenas veinte pasos la una de la otra. Ambas tiendas son de moda infantil, comparten acera y clientela. “¿Competencia? Yo lo llamaría complementación” asegura.

 

Begoña Civera es propietaria de ‘La pequeña Marta’, situada en el cruce de la calle Bonaire con la Calle Barcelona. Su especialidad son los trajes de ceremonia –comuniones, bodas y bautizos– para los más pequeños de la casa. Justo enfrente, Eva Nácher regenta la tienda ‘Girasoles’, también de moda infantil pero con un corte más casual y llevadero. Ante el problema que supondría tener a la competencia a las puertas de casa, Begoña afirma: “lo bonito es que haya muchas tiendas juntas y cada una ofrezca un producto distinto. Un día te compran a ti y otro al de enfrente, pero lo importante es que siga viniendo el cliente”.

 

La diferenciación es la clave

Ante la imponente presencia de las grandes franquicias, el secreto para sobrevivir es la calidad y exclusividad de los productos que se ofrecen. “La gente busca ir diferente. Un vestido aquí es único, y la ropa de cualquier franquicia la lleva todo el mundo” cuenta Eva. “Además, nosotros sólo trabajamos con productos naturales, nada de materiales sintéticos, como hacen las franquicias de ropa. A la larga lo barato sale caro, ya que muchos niños con el tiempo tienen problemas de piel por el uso de materiales sintéticos” señala Begoña.

La atención al cliente es primordial en una época de crisis como la actual. Ambas propietarias coinciden en que el cliente busca ese extra de interés que no ofrecen las grandes superficies “la clientela ahora pide que le escuches y que le ofrezcas aquello que te piden”. La especialidad de poder complacer al cliente es la clave del éxito: “todo es personalizado”.

Además, el sector de la moda infantil tiene una ventaja respecto al resto a la hora de aumentar las ventas, por lo que la crisis da un respiro en este sector “los niños se tienen que seguir vistiendo, crecen y la ropa de una temporada se les queda pequeña de un año para otro. La ropa de un adulto aguanta un par de años, pero la de un niño no, porque no le viene”. Un hecho que sin duda estas pequeñas empresas saben aprovechar y sacarle partido.