El problema del valenciano está en las aulas

Cuando hacemos referencia a la diferencia entre el valenciano y el catalán, todas las miradas apuntan a la AVL. Y más en estas últimas semanas en las que la Academia Valenciana de la Lengua no distinguió ambas lenguas y tras la sentencia del CJC no dando por buena tal definición.

imageParece que la definición que de la AVL en su polémico diccionario sobre lo que es el valenciano, vaya a suponer un cambio lingüistico radical en la sociedad valenciana. Cierto es que el valenciano merece ser respetado y por lo tanto, merece una definición acorde con su historia y no una, otorgada por la AVL que ha demostrado estar de lado panca. A efectos legales, una definición acorde o una derogación de la AVL sería positiva y determinante.

Pero no a efectos prácticos. El verdadero problema reside en las aulas. Desde la primaria hasta la universidad. Y es que contamos con un profesorado, en su inmensa mayoría, catalanizado. Un profesorado que no conoce el valenciano basado en las Normas del Puig. Utiliza el catalán vendido como “valenciano”durante décadas. Profesores que, cuando alumnos les dicen que fresa en valenciano se dice “Fraula” y no “Maduixa” responden a sus alumnos con un: (“Eso no es así. A mi me lo enseñaron de este modo asi que me pones “Maduixa”). Contamos con unas instituciones que declaran que valenciano y catalán, es la misma lengua. Y sí, estoy hablando de la Universitat de Valencia. Además, se utilizan libros de texto en los que absorben a la Comunidad Valenciana dentro de lo que les gusta llamar “Països Catalans”. Y mientras tanto, aquí, todos de rodillas.

¿Cómo vamos a pretender que los jóvenes hablen en un futuro el valenciano con las Normas del Puig, si dónde tienen que aprenderlo, les dicen que no es correcto? Podremos tener una definición que le otorgue la posición que le corresponde, pero el problema seguirá ahí. Si desde nuestras instituciones educativas no se defiende el valenciano, nuestra lengua cojea. Si desde las aulas se sigue enseñando el catalán, nuestra lengua también cojea.

Por ello, repito, la reforma debe comenzar en las aulas.