Rodeado de idiotas

Enrique Arias Vega. Colaborador de Valencia News. TurismocidioEnrique Arias Vega. Colaborador de Valencia News. Turismocidio

Acabo de descubrir que últimamente estoy rodeado de idiotas.

A lo mejor no lo son y se trata solo de incompetentes.

El primero, el director de mi sucursal bancaria, desbordado por clientes insatisfechos y que se oculta tras una aparente hiperactividad, tardando en conceder una entrevista más que si fuese Rajoy o el Papa Francisco. Entre eso y el constante cambio de empleados bancarios, ha conseguido que muchos habituales del banco no lo conozcamos ni de lejos.

Otro que tal es el empleado de Correos que ayer mismo fue incapaz de hacer el seguimiento de una carta certificada que no ha llegado a su destino. ¿Para qué certificar, por consiguiente, un envío, si luego los funcionarios no saben dar con él?

La peor, sin embargo, es la farmacéutica que expendió a mi sobrina una medicina con una dosis diez veces superior a la de la receta. La niña no está muerta en este momento porque Dios no lo quiso.

Ya ven si tengo o no motivos para estar alarmado por la proliferación de idiotas patrios. Y no sigo por no hacer más espeso el artículo. Lo malo es que no puedo quejarme sólo de mis compatriotas: un presunto gestor norteamericano lleva ¡veinte años! sin resolver un modesto trámite de cuando trabajé brevemente en su país.

Esto último, qué quieren que les diga, ha acabado por deprimirme. Y no por cuestión de la creciente ineficacia ni de la extensión geográfica de la incompetencia. Acabo de darme cuenta de que solamente un imbécil puede permitir que su vida esté condicionada por tanto inútil junto. O sea, que no solo estoy rodeado de idiotas, sino que, en esta constante escalada de la estupidez, yo mismo he terminado por convertirme en uno de ellos.