Nuestro problema no es (sólo) de ingresos

A diferencia de lo que ocurre con una empresa, aumentar los ingresos de un Estado en el corto plazo no se logra mediante un aumento de ventas, sino subiendo impuestos (o cotizaciones sociales), y ello lastra la actividad económica a corto y largo plazo.

Los impuestos inhiben el consumo y la inversión, al tiempo que las cotizaciones sociales actúan como un impuesto al trabajo.

El crecimiento sostenido a largo plazo, mediante financiación basada en ahorro (no endeudamiento), sí puede lograr un aumento de la recaudación tributaria manteniendo estables los tipos impositivos, pero ello se da a largo y muy largo plazo y, en cualquier caso, requiere de una mejora estructural de la productividad y de una redefinición del modelo productivo.

De estos aspectos no oímos hablar en el Debate sobre el estado de la Nación. Eso sí, además de hacerlo al pronunciar las palabras crisis, futuro, España, Europa y sus Señorías, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, coincidieron al afirmar que el problema de España es de ingresos.

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España no (sólo) tiene un problema de ingresos.

Nuestro país arrastra fundamentalmente un grave problema de gasto que provoca su elefantiásico problema de déficit.

El alto déficit desencadena un preocupante problema de endeudamiento público que las generaciones futuras terminarán pagando vía impuestos y/o devaluación de sus pensiones de jubilación en términos relativos.

El nivel de déficit ofrecido por la UE para España para todo el año 2013 fue alcanzado ya en el mes de noviembre.

Los intereses de la deuda pública española representan prácticamente la mitad del déficit del Estado. Recuérdese que hablar de algo menos de 40.000 millones de euros para pagar los intereses de nuestra deuda supone un 4% del PIB.

El déficit de España en 2013 se aproximó al 6,7% sin contar las ayudas a la banca, y un 0,5% más (el 7,2% en total) si añadimos los rescates públicos a nuestro sistema financiero (ver aquí y aquí). Mientras, en ese mismo período, Alemania registró un déficit cero. Y es su segundo año consecutivo.

Alemania gastó lo mismo que ingresó, ni más ni menos. En España gastamos un 7,2% más de lo que ingresamos.

Este gap debe ser cubierto por endeudamiento y ahí arrancan muchos de nuestros problemas. En términos de empresa (privada), una cuenta de explotación negativa que se presenta de forma continuada y recurrente termina produciendo la declaración de preconcurso de acreedores.

España, en su record de recaudación (año 2007), alcanzó algo menos de 450.000 millones de euros de ingresos y, como vemos en la tabla que sigue, la brecha que se abre entre ingresos y gastos ha sido –y sigue siendo- realmente impresionante.

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Debe ser replanteada la estructura del Estado, analizada la naturaleza de los servicios públicos. Valorando su idoneidad, debe llevarse a cabo una selección de servicios públicos que resulten fundamentales.

También resulta crucial el estudio de solapamientos de funciones entre los diferentes niveles de la administración y el análisis de la productividad (efectiva) de la Función Pública.

Una partida importante del gasto público viene representado por el capítulo de prestaciones y subsidios que, como sabemos, comenzará a reducirse en la parte relacionada con el desempleo el momento en que sea posible la creación neta de empleo, pero la valoración de los incentivos y desincentivos públicos será un análisis que abordaremos en próximos artículos.

Los antiguos rumores de rescate a España no quedan tan lejos. Y es por ello que aunque la situación macroeconómica se muestre aparentemente más estable, resultará poco sostenible en el tiempo si no se llevan a cabo los necesarios ajustes en materia de gasto público.

Fernando Castelló
@CastelloSirvent