No apta

Volvía de Madrid en el tren a última hora de la tarde este domingo como de costumbre recapitulando los acontecimientos del fin de semana, me resulta divertido recordar como fingí rendirme a una siesta a las seis de la tarde para disfrutar de hora y media de calma en una postura aparentemente imposible.

Del fin de semana recuerdo sorpresas en formas de niña disfrazada de “murcieGalo” de Halloween y comida japonesa, también algún momento de reflexión personal y política tras la manifestación contra la corrupción organizada por “Ciudadanos”.

Fui con la esperanza de encontrar partidos que todavía con el chupete de la humildad deberían alimentarse con la ilusión de la reivindicación callejera, partidos con un supuesto e inherente talante transgresor, nacidos gracias al único rescoldo de esperanza social que espera la improbable aparición de alguna “rara avis” que nos salve del latrocinio, la ignominia y una afrenta institucional que ha elevado a políticos de cuarta a la inmunidad de reyes del Olimpo. Quería encontrar gritos de rebeldía común, gestos de contundencia, a los dirigentes de VOX, UPYD y C´S darse palmadas de ánimo en la espalda, y quería encontrar unión frente al único eslogan que dice importarles, el abuso cometido contra el ciudadano y la corrupción.

Mentira, nada de eso había. No importaba la corrupción ni las personas que el domingo acudieron armadas de ingenuidad preguntando por posibles coaliciones y actitudes regeneradoras. Importaba quién convocaba, y lo que es más, importaban consignas de no acudir a apoyarles por no haber sido uno mismo el convocante.

Los viejos vicios de la vieja política a la que no le importa cambiar nada, a la que sólo le importa que los demás crean que queremos hacerlo. La que cambia logros comunes y vientos de cambio por competición narcisista y aire viciado. Otra vez la pesadumbre y el complejo asumido de la rémora egoísta de partidos monolíticos que apestan a relevo.

Veo partidos que confunden el conservadurismo moral, con la estigmatización de compañeros de filas, partidos que ya no saben quienes son sus auténticos enemigos y atizan a la rodilla del que puede disputarles diez minutos en la televisión.

Algún partido que dice que defiende la vida, eso sí, después de que el sector ultracatólico, a menudo alejado de la vocación y la fe, les de el beneplácito sobre quien ha de ser el apóstol televisivo que la defienda. Defensores de la valentía y la ruptura de esquemas en la defensa de la vida, cambiando mujeres “no aptas” por aquellas que las etiquetan .

Veo aquellos propósitos de meter el brazo en el fango para recuperar dignidad para España, rendidos con los pies apoyados en la mesa del despacho. Veo renuncia al carisma político y al amor a la rojigualda bajo la costra del pacto del “neto” y el “bruto”.

Veo inacción frente a una situación social de extrema gravedad, no podemos esperar a estar listos, necesitamos estar listos. Yo di un paso al frente hace ahora diez meses, hacedlo vosotros de una puñetera vez.