MARE NOSTRUM. Políticas para la Libertad.

La impostura nacionalistaJuan Vicente Pérez Aras, colaborador de Valencia News. La impostura nacionalista

Hace unos cuantos siglos, nuestro más insigne escritor describía en la obra magna de nuestra literatura un concepto fundamental para el ser humano:”La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Después de cuatrocientos años seguimos cuestionando, no la literalidad de un concepto indiscutible para algunos, no la loable aspiración del ser humano a lo largo de nuestra convulsa historia por alcanzarla, no su relativización a manos de la ideología, sino la verdadera expresión de aquello que nos hace ser mejores seres humanos, mejores ciudadanos. Un concepto que conlleva muchas más obligaciones que derechos para una sociedad madura políticamente.

La oleada populista que ha sacudido nuestra sociedad política, ha vuelto a abrir ese debate. Desde el absolutismo ideológico se cercena la libertad de una sociedad que vuelve a verse lastrada por las cadenas de una ideología que establece un verdadero camino de servidumbre (Hayeck,1944) para el ciudadano. Un camino de servidumbre que ha sido contrarrestado por las posiciones liberales desde finales del XVIII, defendiendo la doctrina de los Derechos del hombre que proclamaron las revoluciones a ambos lados del atlántico, defendiendo el parlamentarismo, la elaboración de Constituciones escritas y el libre comercio. Ahora volvemos a hacer un ejercicio retrospectivo y las tesis del socialismo del siglo XXI vuelven a cercenar esa Libertad que tanto nos ha costado conseguir, en su lucha por el poder.

Estamos asistiendo a una verdadera confrontación ideológica. Los nuevos liderazgos populistas se han quitado las mascaras y el neomarxismo empieza a hacer estragos allá donde es aplicado por los nuevos gestores del poder territorial, en una clara estrategia para llevarles a la cima del poder institucional del Estado. Tan solo les han bastado 60 días para dejar claras sus intenciones. El ciudadano, la sociedad, debe obviar los sabios consejos de Benjamin Constant, defensor a ultranza de las llamadas libertades negativas, aquellas que él desarrollaba en la “Libertad de los modernos”, necesarias para desarrollar un modelo de sociedad emergente tras la caída del Ancienne Regime y los horrores de la Revolución. La  libertad es el principal enemigo de la ideología marxista y por ello, día a día vemos claros ejemplos de como se quiere manipular nuestra existencia, dirigirla y controlarla. El frentismo de la Izquierda les ha llevado a una alianza ideológica fraticida que busca socavar una convivencia consagrada en la Constitución del 78.

Su ineficacia en la gestión les lleva a politizar todos los ámbitos de nuestras vidas, generando debates estériles y superados. En un mundo globalizado con problemas mayúsculos no podemos estar debatiendo sobre la “prohibición” para asistir a actos religiosos a los representantes de los ciudadanos, ni “coartando” nuestra libertad de elegir la mejor educación para nuestros hijos, ni sobre la legalidad incuestionable de nuestros símbolos estatutarios ni constitucionales, ni atacando constantemente a nuestras inveteradas tradiciones, ni descosiendo cicatrices en nombre de la “memoria histórica”. Son cortinas de humo para difuminar una realidad adulterada desde la demagogia y las medias verdades elaboradas por los laboratorios sociales. Es la consumación del ejercicio supremo del poder, la vuelta a ese absolutismo que devuelve al individuo a su condición de siervo. Siervo del poder ideológico, del aparato de un Estado omnipresente que anula todo aquello que debilite su acción.

Gran contradicción de aquellos que con la apariencia de “nuevos” han colado hábilmente un virus letal en una débil sociedad anonadada por los cantos de sirena que profetizaban un nuevo orden social, sin darse cuenta del peligro. Una sociedad débil es presa fácil para el populismo. Lo hemos visto y vivido en nuestras propias carnes. Por ello es tan importante frenar esta deriva ideológica y defender ese espíritu kantiano que define la libertad como aquella facultad que aumenta la utilidad de todas las demás facultades. Una libertad positiva que conlleva el ser dueño de uno mismo, con capacidad para decidir por uno mismo y no que decidan por uno. Una involución que busca superar al individuo por la masa y que ahora vuelve a estar en el candelero en nuestros pueblos y ciudades por aquellos que la utilizan como ariete contra las Políticas para la Libertad desarrolladas por el Partido Popular. Políticas efectivas que están devolviendo el protagonismo a una sociedad necesitada de autoestima y confianza. Políticas en positivo que están generando una dinámica reformista centrada en el individuo como eje vertebrador de una recuperación que es cosa de todos.

De ahí, la necesaria implicación de toda la sociedad en la defensa de esos principios y valores que emanan de la Constitución y de nuestro Estatuto de Autonomía. No podemos permitirnos dar un paso atrás. Es mucho lo conseguido, a pesar de las dificultades, y no podemos arriesgarnos a perderlo. No olvidemos que Cervantes nos dejó escrito el mayor alegato a la Libertad, con letras de oro, y lo que generación tras generación nos ha costado preservarla.