Los olvidados

William Vansteenberghe, Experto en Inmigración. La pobrezaWilliam Vansteenberghe, Experto en Inmigración. La pobreza

Este artículo peca de subjetivo, pero poco, y además en un mundo donde la mayoría no se toma el tiempo de aprender a decir la verdad, me perdono a mí mismo, pero el que es leal advierte cuando algo le toca de cerca.

Ya no sé cómo llamar a mi colectivo, ya que lo políticamente correcto se ha impuesto de forma cínica a miles de áreas donde la administración pierde su honradez. No sé si hablar de los Minusválidos, de las personas con capacidades limitadas, de personas pequeñas, de personas normales, de personas a secas.

Lo que  sí sé es que quiero hablar de ellas, ahora que otros colectivos copan todas las atenciones, como casi siempre.

Si nos remontamos a los tiempos de Franco, los cuales se han vuelto a poner de moda, descubrimos que  el único colectivo de personas con algún problema físico digno de ser ayudado, eran los ciegos, quizás por  estar privados de la luz divina. La Once mostró claramente la dirección a seguir, vender la suerte a los demás haciendo algo útil, desde una óptica de ayuda al necesitado muy propia de los regímenes que cuestionan la libertad intrínseca del individuo.

La parte católica, hay que reconocer que al menos hicieron algo con las personas que sufrían de alguna tara limitadora, no tengamos miedo a las palabras, y más a la ausencia de actos, les entregaron la llave de los miles de talleres a los cuales dedicaron sus condiciones de disminuidos y su tiempo.

La Minusvalía  y todo lo que la administración debería hacer con ella, además de renombrarla cada vez que hay un cambio de gobierno, es de lo que trata este panfleto que leéis en estos momentos.

Luego tras casi todo, es decir, muchos años de transición después, alguien se fijó en este colectivo pasto de presbiterio, y empezó a darse cuenta que también votaban y que se podía y debía  sacarles rédito, rehabilitándolos para el mundo laboral. Primero y únicamente a los que sufrían de algún problema físico. Los demás, los mentales, con la excepción en Valencia de las personas con Síndrome de Down, quedaron para mucho después, de hecho aún están mucho después, ya que no pueden acceder a las mismas prebendas,  muy escasas que les regala la administración, por ejemplo la tarjeta de aparcamiento.

Aún recuerdo un augusto político valenciano, tan ufano por haber cambiado algunas comas en la Ley de dependencia y en la minusvalía física, y utilizar a los “pobrecitos del Síndrome de Down”sic,  como bedeles volantes entre Consellerías, y con ello frente a los Medios, aparentar una intervención inexistente en calidad y profundidad. Aún recuerdo ante una pregunta formulada por alguien avezado, ¿y los mentales? ¿Para cuándo?, respuesta absolutamente cierta, ¿pero esos para que sirven?.

Si nos atrevemos a fijarnos en los países limítrofes, la sangre se vuelve inmensa y los gritos y lloros infinitos. Hasta en Alemania, no digamos en los países aliados, la minusvalía cobró una enorme importancia tras dos carnicerías mundiales, a parte de los sitios en los transportes, desde los años 20 del siglo pasado, aquí a partir de finales de los años 90 de la misma centuria, se les entregó  de forma tangible respeto social merecido por los sacrificios prestados a la Patria. Aquí aún no nos hemos puestos de acuerdo para perdonarnos las estupideces del pasado, por lo que héroes ningunos, ya que siguen habiendo dos bandos.

Luego fueron incluidos los inválidos crónicos, que empezaron a surgir por las secuelas de guerra y luego  las victimas del trabajo, fruto de una  sociedad que cuidaba poco los detalles  en seguridad en el empleo, estos países que a diferencia del nuestro acumularon ganancias, empezaron a brindarles un apoyo monetario claro y decidido al interesado o a la familia si se veía afectada por la pérdida de habilidades. Como observamos no todos las personas con disminución de habilidades nacen sino que se hacen, con lo que la Administración debería gozar de un sistema atento a estos cambios en sus administrados, aquí no, ya que vivimos una Democracia Administrativa pasiva, que nunca informa y que culpabiliza a los ciudadanos de su ignorancia y desidia. Cuestión de paradigmas nocivos y de puro escaqueo monetario.

De hecho algún gobierno lo llego a decir, y hasta a escribirlo, pero con letra pequeña. “Ayudaremos a todas las personas que sufran algún mal”, pero la realidad es que hasta el 66 % de minusvalía en este santo país, no se cobra nada.

Algún descuentillo en Hacienda, un sitio en el metro, pero ninguna reducción para economías que se ven afectadas por este hecho ineludible, como es la falta de un órgano vital, o oír voces que no sean las de la tele.

Qué diferencia hay entre 65%, o 64%,y  hasta un 50 %, que se supone que la mitad de las habilidades de un ser humano se encuentran comprometidas, ninguna, no hay diferencia, ninguno cobra nada, nada de nada.

Volviendo a países civilizados, las personas a partir de cualquier porcentaje de disminución en habilidades, cobra una cantidad ya que supone un agravio frente a las demás  personas que no tienen este problema, y por escalones de 5 % las cantidades van incrementándose hasta llegar al 100%.

Aquí, el cuchillo es certero, ya que los especialistas médicos, verdaderos expertos en torear el deseo de la mayoría de la población española, muy valleinclanesca, de atribuirse males imaginarios y miembros ausentes, dejan de ser meros galenos para transformarse a veces en adivinos y siempre en jueces, de situaciones a veces incomprensibles para sus colegas que practican la medicina a diario. Ya que en nuestro país lo que realmente se pretende es no pagar a los limitados. De hecho durante la crisis, las atribuciones de las miserias porcentuales se agravaron y lo que valía antes un 66 % dejo de hacerlo, ya que de pronto la medicina consiguió curarlos, perdón quiero decir que no pudieron pagarles más.

Lo que cobra una persona de 66% o de cualquier otro rango superior, tampoco es para tirar cohetes, entre 500 y 600 euros, pero para que quieren más los que, en la mente de muchos políticos, no sirven para nada o para bien poco. Dicen lo contrario todos los del arco parlamentario y hasta en varios idiomas, pero hacer lo que se dice hacer, lo mismo, nada.

Sin embargo somos el país como más asociaciones para la defensa de los intereses de las personas con carencias, no consigo saber para qué sirven ya que todos los gobiernos a diestra y siniestra han seguido haciendo lo mismo, olvidarse de ellos.

Volviendo a países civilizados, a parte de la gratuidad de algunos servicios administrativos, faltaría más, se dan ayudas específicas para alquiler, para trabajo, para alimentación, para la creación de una familia, adaptación de ambiente si necesario, ya que los países que han admitido que tienen una deuda con su población son los que avanzan. Aquí seguimos sobrando, y si es algo del cerebro ya apaga y vámonos, ¿seguro que Menguele no era español?

Cualquier gobierno serio y digno de ese nombre debería en tiempos de malos trigos, fijarse en esos colectivos que tanto pueden aportar ya que son conscientes de lo corta que es la vida, y que su ejercicio de superación diaria los transforma en los mejores ases de su barrio, además de solidarios si les trata bien, no tirando huesos a sus pies, o haciendo programas pagados por aseguradoras que agitan la mente de los normalizados, haciéndoles creer que una persona con problemas eternos solo es un mentiroso compulsivo o un monstruo de feria.

Aún no he conseguido saber el  por qué no se graba en cámara oculta, el funcionamiento de los que se atreven a juzgar y a valorar a los demás, ¿ una cámara en una reunión directiva de la Administración regional de cualquier lugar de España, por ejemplo?, o un  buen documental vérité sobre inspectores médicos y los miles errores que podrían llegar a cometer a la llar de la esencia ahorrativa del Estado.

No nos olvidemos que antes que a los judíos, los Nazis empezaron  a probar sus armas de aniquilación con las personas con disminución de capacidades mentales, de nuevo henos aquí.

Por de pronto ya sería un paso, darle a todas las personas con algún porcentaje consolidado todos los mismos derechos, escasos, que existen en este país, y como reto apoyarles económicamente desde el primer 1 %, más todas las transversalidades que se merecen por un estado padecido y no merecido por justicia divina. En definitiva que cambie un paradigma más en  este triste país que acumuló todos los malos, “una persona con problemas crónicos merece todo nuestro apoyo para que rinda al mismo nivel que cualquier otro al azar”.

Una última anécdota sobre los “privilegios” de las personas con problemas crónicos, en una oposición se reserva el 10% de las plazas a mis compañeros de camino, lo que justifica que se le prepare un espacio especial relacionado con su comodidad para realizar la prueba, pero en una de las que controlé, solo habían 9 plazas convocadas, por lo que no se preparó ningún protocolo especial, ya que un 0’9 de persona es difícil de encontrar en el mercado hoy y siempre. Por ello las personas con una disminución de sus capacidades, tuvieron que lidiar en desigualdad de condiciones con los más hábiles.

No olvidemos que ser víctima de la mala suerte física y mental es muy democrática, afecta a mujeres y hombres por igual, de cualquier edad, de cualquier estatus social y los sanos un día se pueden despertar del otro lado del río, donde se encontrarán con muy pocos puentes efectivos y duraderos para cruzar.

Lo que no es democrático es el trato de la administración con este enorme colectivo, somos todos iguales ante la Ley, en derechos y deberes, pero si carezco de brazos para firmar, de ojos para ver las escaleras, de cerebro para reconocer mis actos más simples, ¿como se consigue esta igualdad teórica?

En España en ningún sitio.