LO FUGAZ

William Vansteenberghe, Experto en Inmigración. LA MARCA DE CAINWilliam Vansteenberghe, Experto en Inmigración. LA MARCA DE CAIN

Ni a los historiadores se les exige ya la capacidad de discernir la importancia del paso del tiempo, y más aún de su valor subjetivo para los seres humanos y ello para cada época y en cada fase de la vida.

Varios artículos han sido publicados recientemente sobre la subjetividad del cerebro a la hora de entender o vislumbrar la rapidez  o la lentitud del paso del tiempo, tiempo relativo como nos explicaba muy bien Einstein.

En esta época por ejemplo, el tiempo  colectivo se vive de forma totalmente diferente al del siglo pasado, de hecho si nos damos cuenta los que tenemos cierta edad, el tiempo ha pasado del aforismo “time is money” a “ la rapidez es eficacia”, ya no basta que se invierta el tiempo en la consecución de los objetivos determinados, sino que ese tiempo debe ser breve, o sea fugaz.

Todos sabemos que la broma universal se basa en el hecho de que lo entiendes todo, cuando ya no puedes gozar de esta sabiduría. Por lo tanto si al momento de inopia continuada le añadimos la velocidad de los adictos a la cocaína, al riesgo y la adrenalina,  a la testosterona facilona, y pasamos a construir un mundo superficial, frágil, altamente sujeto al desmoronamiento, por el mismo hecho de la premura en construirlo y sacar rédito de él, ya ni siquiera haremos cierta esta broma cruel.

De hecho esta rapidez en todo solo nos hace más egoístas, débiles y claro, estresados. Cabría preguntarse si lo único que ha cambiado es que esta época nos exige más diversidad, pero seguimos igual de esclavos, incluso más, dado el castigo en intensidad que sufre nuestro sistema nervioso.

Carecemos de tiempo para los placeres de educar a nuestros hijos, de hablar con nuestros ayos, solo nos enfrentamos a problemas, no a retos, ya que hacer las cosas bien y rápido, nos condena a lo fugaz.

En el área laboral es donde este cambio es más sangriento, ya que  mucha gente ya no contrata a personas de cierta edad, ya que no solo considerados viejos, sino lentos. La experiencia no cotiza en el mundo del Low Cost.

Por ello, todas las partes del pensamiento humano que necesitan reflexión, trabajo y dedicación, pierden valor contable ya que necesitado de una gran inversión en minutos. De ahí que la filosofía, la ética, la moral quieran ser empujadas a la nada escolar ya que aburren y se consideran, que gracia, una pérdida de tiempo.

Ha llegado la esclavitud del ojo, el gran aliado de la rapidez, ver y actuar, sería un buen lema para el actual momento histórico.

Dentro de poco hasta la escritura que demanda tiempo y hasta reflexión ira despareciendo laminada y reducida a abstrusas reducciones en un móvil cualquiera.

Cuando abrimos el foco de visión, es decir invertimos tiempo en mirar ganando perspectiva, nos damos cuenta que los que rigen las fuerzas vivas de nuestra Orbe, quizás con la excepción de la Justicia que es lenta como un dolor, están empeñados a jugar con el tiempo como quién juega con una pala y un cubo, o sea de forma infantil. Los nuevos partidos se empeñan en afirmar que el tiempo ha pasado para sus antagonistas,  y los viejos afirman que el tiempo no ha llegado aún para los nuevos, todos coincidiendo en dos cosas, que el pueblo y el tiempo es suyo.

Observamos que el tiempo se ha transformado en un arma de discriminación entre generaciones, donde antes había respeto y unión, ahora hay enfrentamiento, desprecio y fractura.

Algunos filósofos tildan el futuro de sueño y el pasado de recuerdo, que lo único real es el hoy. Si esto fuera cierto, hemos perdido hasta el presente ya que va demasiado deprisa. Queremos hacer pasar el tiempo tan rápido que le obligamos a decir lo que exigimos que pase, ya que al momento siguiente podemos decir lo contrario, ya que tanta información verdadera o falsa no es asimilable de forma paciente y coherente.

¿Quién se toma el tiempo, hoy en día, de oír, tocar, degustar, y oler la realidad?, hasta saber si es cierta o producto de un deseo o de la mera imaginación. Como no vamos a crear una postverdad, si no nos dedicamos a analizar con sabiduría paciente lo que sucede.

El mundo se ha convertido en una feroz línea recta donde los hombres prefieren regalarse los ojos que los oídos, y donde las palabras han reemplazado los gestos, tan lentos.

Todo el mundo opina, todo el mundo tiene razón, todo el mundo es sabio en un lugar hecho a trozos, y donde los acrónimos de la realidad campan a sus anchas. Nos hemos vueltos meros resúmenes de nosotros mismos, fantasmas hechos de rapidez y fugacidad. En un lugar así solo puede reinar, con algo de  tiempo, el fracaso. Ya que ni la vida es sueño, y hay que verlas venir, como decían los ancianos.

La gente quiere el futuro ya, no sabe cuál, ni quiere participar en su consecución, solo quiere gritar para conseguirlo, el verbo es lo único que están dispuestos a invertir para conseguir un Mundo mejor. Lejos han quedado los valores del tesón, la dedicación, la precisión, la sabiduría,  la comprensión y el sacrificio. Por ello todo objeto realizado con todas estas cualidades implicadas vale, nunca mejor dicho, un ojo de la cara.

Vivimos por lo tanto en un mundo incierto, porque no nos tomamos la paciencia de hacerlo real,  dedicándonos solo a prometer lo que aún no hemos tomado el tiempo de saber.