Inflexibles ante la corrupción

Juan Vicente Pérez Aras, colaborador de Valencia News. La nueva arcadia socialistaJuan Vicente Pérez Aras, colaborador de Valencia News. La nueva arcadia socialista

La convulsión política vive instalada en nuestra sociedad demasiado tiempo. Y ahora, más que nunca, necesitamos serenidad, fortaleza y templanza para seguir combatiendo cualquier atisbo de comportamiento ilícito. La clase política en particular, pero toda la sociedad en general, necesita una seria y serena reflexión sobre el buen significado de la ética en todas las facetas de nuestras vidas. De la ética y de la estética, en unos momentos en los que se busca sitiar mediáticamente al Partido Popular, en una campaña sin precedentes y que refleja perfecta y tristemente el modelo de sociedad que estamos construyendo. Y no se trata de negar la mayor, que también, ni de restar un ápice de protagonismo a una sociedad que espera una efectiva rendición de cuentas por parte de aquellos que ostentamos su representación. Faltaría más. Pero echo en falta ese periodismo riguroso, equitativo y honesto que trate por igual una situación lamentable y dolorosa que afecta a todos, aunque visto lo visto, solo se traslada una parte.

Desde el PP no pretendemos instalarnos en la estrategia del “y tú más” que tanto hartazgo despierta en la sociedad española. Lo que queremos destacar es que la corrupción no tiene ideología y afecta a todos los partidos políticos, más a los partidos que hemos tenido amplias responsabilidades de gobierno que a los que no quieren, no tienen la oportunidad o llevan poco tiempo gestionando cuentas públicas. Porque todos tienen lo suyo, y contra eso tenemos que estar juntos y seguir avanzando en la lucha contra la corrupción. Como ha demostrado el Partido Popular, con hechos, no meras declaraciones ni titulares vacíos.

Todo un reto y una necesidad para embridar la desafectación galopante de una sociedad que busca referentes éticos y morales, que necesita apuntalar los cimientos de nuestro sistema democrático. Unos cleavages que vienen reproduciéndose en todos los avances y estudios que el CIS nos aporta pormenorizadamente y que son un reflejo de la situación del ecosistema político actual, en toda su transversalidad.

No podemos minimizar la corrupción y sus efectos. Aún menos cuando estamos saliendo de una profunda crisis, que otros obviaron, con un gran sacrificio por parte de todos. Diez años nos ha costado recuperar el PIB perdido. Por eso es importante trasladar el trabajo y el esfuerzo del propio sistema, por erradicar esa sensación generalizada, preocupante y peligrosa de una sociedad sumida en la corrupción. Cada caso de corrupción que conocemos nos indigna y nos duele profundamente. Pero podemos sacar la conclusión de que nuestro sistema funciona: los casos se destapan, se investigan y se juzgan.

Tenemos la obligación de ser implacables con la corrupción, pero también debemos ser justos y respetuosos con la presunción de inocencia, uno de los principios de nuestra democracia. Respetamos la labor de los jueces y de los investigadores y no podemos ni debemos erigirnos en jueces ni en policías. Basta poner el ejemplo de que en la actualidad 134 cargos del Partido Popular han visto archivadas sus causas o han sido absueltos.

Tras las Generales de 2011, el Partido Popular iniciaba la Xª Legislatura con una mayoría absoluta que, en principio, garantizaba la sostenibilidad del sistema y la gobernabilidad en mitad de la tempestad que nos azotaba. Se necesitaba un importante impulso reformista para atajar una crisis que superaba lo meramente económico para convertirse en una crisis política sin precedentes. La literatura abordaba aquello del “cambio de época”. Una pretensión que la Realpolitk no tardó en desmontar, al articular una más que necesaria y urgente “época de cambios”.

Por eso, el Gobierno de Partido Popular presentó el paquete de medidas de regeneración democrática más ambicioso de la democracia, incrementando el control de la actividad económica de los partidos políticos, mejorando su funcionamiento interno, reforzando los mecanismos de control, y ofreciendo una respuesta penal contundente frente a la corrupción.

Ante el clima de desafección de los ciudadanos y la falta de confianza en las instituciones, y los casos de corrupción, era necesario y urgente poner los medios para poner fin a este problema, articulando un gran número de medidas destinadas a mejorar los mecanismos de control, con mayor exigencia penal, fomento de la prevención, impulsando la transparencia institucional y de las cuentas de los Partidos Políticos. En definitiva, medidas más contundentes y efectivas contra la corrupción. Medidas de cuya efectividad estamos empezando a recoger los frutos. Eficacia y eficiencia de un sistema que funciona, para garantía de todos los ciudadanos.

Después de 36 años de democracia, el Gobierno de Mariano Rajoy ha presentado el plan integral de regeneración democrática más ambicioso de la historia, del cual se han aprobado ya la gran mayoría de las medidas, gracias a las cuales se ha producido un salto cuantitativo y cualitativo en la lucha contra la corrupción.

La complejidad creciente de nuestra sociedad, demanda respuestas ágiles y efectivas por parte del Estado. Y ahí va a radicar en los próximos años, el epicentro de una acción política centrada en el desarrollo de mecanismos inclusivos para una sociedad que reclama su legítimo espacio. Un equilibrio y una sostenibilidad necesaria que entre todos debemos fomentar, avanzando en esa trilogía de la nueva gobernanza: transparencia, participación y colaboración.

Ludwig Von Mises pronunciaba en 1944: “La corrupción es un mal inherente a todo gobierno que no está controlado por la opinión pública”. Sigamos avanzando por el camino de la transparencia y el buen gobierno para que en un futuro la corrupción sea un problema del pasado. Porque si la política reformista del Partido Popular nos ha permitido ganar la batalla a la crisis, ¿por qué no vamos a poder ganar la batalla a la corrupción?