Give me back Flag. Devuélvanme mi bandera

William Vansteenberghe, Experto en Inmigración. El vacíoWilliam Vansteenberghe, Experto en Inmigración. El vacío

A veces me asusto de mis vaticinios, que aunque tarden en cumplirse nunca me dejan en la estacada. Hace años en varias conferencias, cuando aún el País vasco era la estrella de este país, afirmé que el melón nacionalista se iba a romper por Catalunya, y aproveché para decir que la región donde menos se integraban las minorías musulmanas era Catalunya, por su vertiente nacionalista excluyente que tiende a poner en marcha un modelo social de integración basado sobre la absorción de un cierto tipo de concepto de Cultura, y que ello dejaba en peor lugar a los grupos alejados de este etnocentrismo altamente artificial.

Asimismo me atreví a a aclarar que el primer partido fascista de nuevo cuño que iba a nacer en España lo iba a hacer en Catalunya, de nueva línea por nacionalista periférico y con los emigrantes en la diana, de nuevo un triste bingo, la Plataforma per Catalunya hizo su aparición.

Luego subieron al poder partidos de izquierdas difusas originarias del Hinland, Lleida y Girona, feudos reconocidos de ERC, que solo se definen por un lento progresar hacia la República y la Independencia, escaso bagaje teórico, perfectamente en sintonía con sus votantes principales una burguesía rural o de ciudades segundonas que no aceptan la dictadura de Barcelona. O sea el Campo y cierta industria no pesada, al poder, muy parecido a lo que ha sucedido con el Bloc y su apéndice Compromís, (nunca se ha dado peor nombre a una organización satélite ya que conectada a la tierra dura y pura, la que no acepta compromis alguno, ya que anclada en las rebeliones campesinas hacia las ciudades, vividas como aberraciones para su modo de vida) en Valencia.

Todo ello para poder lamentarme que si yo lo he visto venir, es que otros también deberían haberlo hecho ya que no tengo nada especial con respecto a otro ser humano y además nadie me paga para verlo y por desgracia para resolverlo.

Otra de las conclusiones a las que podemos llegar, es que las regiones del mundo con la necesidad de reafirmarse constantemente a través de un lenguaje nacionalista, dejan de ser inclusivas, por motivos obvios. Lo que lleva consigo una fragmentación social que deriva en problemas infinitos de cohesión- a nivel de la lengua, de las ideas de modelos de nación, de cultura, de aceptación de ideas nuevas, y de gentes diferentes- en si lo que produce es un efecto se conservación  anormal  y rígido en todo momento que se nutre de una victimización eterna con el fin de que no se relaje nunca la tensión social, permitiendo que un modelo tan extremo se perpetúe sin discusión,  un claro ejemplo de esto: Flandes.

Uno de los graves efectos de todo este “procès” es la fractura indeleble que va a  dejar durante muchos años en la mente de los Catalanes, ya que un poder superior y oculto ha querido convocarlos de manera totalmente artificial a unas urnas que esconden mucho más que una mera papeleta, siendo imperdonable por muchas razones: primero por ser mero  humo para evitar que la gente de bien vean lo que se ha hecho mal o simplemente no se ha realizado, y sobre todo quién lo ha hecho mal. Segundo porque si existe un real deseo de independencia no se pone a rodar la maquinaria en el punto álgido de una crisis, como un vulgar trotskista deseoso de dar un golpe de timón al orden constituido. Todo debería ser realizado con luz de taquígrafos y con la paciencia del que tiene razón.

En mis vaticinios, trucados, ya que situación ya vivida en otros lugares de Europa, una pinza extraña entre una burguesía tradicional, ex franquista, y una juventud poco representativa y altamente conservadora de los preceptos mal digeridos de un neomarxismo, era una posibilidad real, ya que se unía el extremismo necesario con los manipuladores de siempre. Esta pinza está a punto de suceder en la parte Valona de Bélgica entre el PTB (neocomunista), y la extrema derecha flamenca (NVA), con el mismo deseo  de los Catalanes, romper el Estado tradicional, con el fin de repartir el afán nacional en un regionalismo descendente, poco representativo en el tablero internacional, con el fin de huir del fenómeno de Globalización, emprendido por la gran empresa multinacional que ya no representa a nadie y ha sido la causante de la compra del Estado para sus únicos intereses particulares.

De hecho hay varias guerras llevándose a cabo en Catalunya: la rebelión contra España, una lucha enconada entre Catalanes, una rebelión contra una Unión Europea inoperante y no se ha decidido claramente a una intervención firme en su política interior, demostrando una vez más la tibieza de cualquier Iglesia. Permitir una secesión de este calibre abriría muchos problemas pendientes desde la paz de Westfalia, y permitiría de nuevo una reinterpretación territorial altamente peligrosa como así han demostrado dos guerras mundiales.

Lo peor es la vuelta al escenario político de ofertas que obvian de forma cínica al pueblo, engañándolo con una participación falaz, que se asemeja mucho al sistema de venta de la puerta fría, y cuyos resultados son utilizados después por los que no han movido un solo dedo efectivo y real. La presencia de las nuevas fuerzas de izquierdas en el hemiciclo no pueden atribuirse ningún cambio efectivo en el  devenir real del país, solo unos cambios de formas que vienen a confirmar su falta de preparación para los retos reales y no especulativos.

Las viejas fuerzas se ven de la misma forma desprovistas de todo plan elaborado, ya que se han visto obligados a pactar con el diablo demasiadas veces como para poder luchar claramente por una alternativa.

Es triste comprobar que ha valido todo para llegar a este momento, es decir nos hemos enterrado en fangos ilegales y claramente totalitarios de manera definitiva, situación que jamás se podría haber dado antes de la crisis económica y la globalización que ha redistribuido a todos los miembros del escenario.

No nos olvidemos que ambos lados del espectro han coincidido en crear un nuevo marco completamente alegal, que ha escenificado de forma administrativa la ruptura institucional, cosa que jamás debería ocurrir en una democracia participativa. Lo primero que habría tenido que pasar por las urnas de toda España es, si este procés debía iniciarse y como.

Pero no deja de ser extraño que todo se rompe en el momento que se rehúsa la creación efectiva de la Hacienda pública catalana, que como  es reconocido por los economistas y hasta los malos estadistas, como la pieza clave del control de una sociedad y su gobierno.

El 3 % no era suficiente para crear una caja B, y era necesario controlar todo el edificio. Pero visto como somos todos los españoles, incluidos los catalanes, la pela nos atrae con la limalla el imán, y a parte de futboleros nos encanta practicar el pelotazo.

Darle la Hacienda pública a una región es declararla independiente de facto y claro está, vaciar de paso de contenido al Estado, sino que se lo pregunten a los Belgas y sobre todo a Bruselas ahogada por los flamencos, como si fuera una Kosovo cualquiera.

En cuanto a las justificaciones para todo esto, han sido cada más endebles, antes se llamaba al enfrentamiento entre  la cultura de unos contra otros, y se ilustraba a golpes de religión y  de historia mixtificada, pero ahora todo se ha reducido al enfrentamiento de las ideas más simples de los sentimientos más primitivos, nosotros contra ellos porqué si.

Ni el idioma es suficiente para alejarnos, ya que ambos somos bastardos del latín. Comemos casi lo mismo, decimos lo mismo, hacemos lo mismo, y estamos dejándonos aculturar por otros sin ningún temor a perder lo “nuestro” o  cualquier cosa que signifique eso.

Hasta un extranjero genético como yo ha aprendido los dos idiomas, con el fin de no dejarse ganar nunca por la necesidad inútil y falaz de elegir entre uno y otro. Y hablando de genética, tenemos la misma, nos hemos mezclado sin cesar, y salvo por ser Austrias y Borbones, Republicanos o Nacionalistas (que curioso) no hemos conseguido partirnos de forma tan eficaz, como los yugoslavos, los belgas, o los checos y eslovenos.

Para finalizar, se ha impuesto un mapa territorial que excluye al Languedoc y el Rosselló, regalados a los Franceses y donde solo habla catalán el 3% de la población, y ahí sorprendentemente no hay referéndum ni revueltas y todo el mundo en Perpiñán, se acomoda de la Langue d’oïl.

Pero histéricamente, no  es un error de escritura, podríamos sentirnos, árabes, Visigodos, Romanos, Aragoneses, Franceses, y originarios de la cultura del vaso campaniforme. Pero eso no eliminaría esta enorme sensación de pena y ridículo en nuestro país y en Europa por la escenificación de una fractura, de un rompimiento, y en definitiva de un fracaso, el de los que suman, frente a los que restan. Y eso es deplorable. Más porque es artificial, creado de todas piezas por políticos corruptos en ideas que se han adueñado de todo el escenario, donde el pueblo normalmente, debe representar una sociedad que vive, crece y mejora, ahora con todo esto, solo destruye, divide y mengua, no hay derecho que por un trozo de tela la convivencia único bien común de todos y todas, se venga abajo.

Devuélvanme mi bandera que yo decidiré cuando agitarla.

Give me back my flag, canción del músico inglés Julian Cope