Fallas: el reglamento puede con la estética

Hay un reglamento para tirar petardos. Otro para la altura de las Fallas. Dos o tres para los trajes de fallera. Y hasta hay un reglamento no escrito que marca lo que es políticamente correcto entre los ninots de la falla: se puede hablar de política pero no de la vecindad. Nos pierden los reglamentos. Tanto que van a acabar con la estética barroca de los valencianos.

Las Fallas se van madrileñizando en torno a la norma a la misma velocidad con que se pierde la espontaneidad de la fiesta. ¡Si es que hasta para reírse de alguien se ha instaurado lo políticamente correcto! ¡Vale el Ninot de Fabra, pero no el del Obispo! ¿Podemos meternos con Salvo???

Las Fallas acabarán siendo un homenaje a la reglamentación. Y no es solo que a la Junta le encante tenerlo todo ordenado y controlado, que le encanta. O que al ayuntamiento (los ayuntamientos) les encante tener la potestad de conceder pases especiales hasta para pasear por el puente de las flores. Es que además el llamado mundo de las fiestas vive para y por el reglamento. Todo medido y encorsetado. ¿Qué se ha hecho de la bochería mediterránea? Somos más de ACS que de Mercadona.

Las fallas y cualquier fiesta de los alrededores han acabado sujetas al reglamento. Con la excusa de que hay que ordenar tanto desmadre se han inventado hasta la velocidad con la que deben caminar las falleras cuando hacen la Ofrenda. Y si a usted se le ocurre ponerse una pañoleta no reglamentada, seguro que le llaman la atención. ¿Se imaginan que en San Fermín fuera obligatoria la boina roja? Pues en el Valencia la estética está reglamentada como si fuera el Palco del Bernabeu. Y es que hasta el Valencia CF se parece cada vez más al Madrid. Es un negocio, no un club de fútbol.

Así se matan las fiestas y se convierten en un puro pasacalle para turistas que ven la cosa muy uniformada. Es como un Parque Temático, en el que todo está regulado. ¡Coño! Pero si la fiesta mediterránea es todo lo contrario. Monumentos carísimos (hasta la inversión en cartón piedra está regulada por arriba y por abajo) y calles superiluminadas para espectadores por horas. Todo muy ordenado. No me tire un petardo sin licencia previa. La estética reglamentada ¿Dónde quedó El Virgo de Visanteta?

No hay lugar a la inspiración, al jolgorio improvisado, a la bulla por la bulla, al zoco festivo. Nada. Todo controlado. Hasta las charangas son apercibidas de pasarse de decibelios. Y como nos puede la estética, hemos incorporado la reglamentación a las tetas de la política representada en un ninot. Las Fallas son en 2014 un monumento a los reglamentos. Nada ni nadie se sale del guion. ¡Ni un escándalo amoroso, que era lo habitual en fallas!!

Es más fallero el guión de la serie La que se avecina que cualquier llibret, que parecen una mala copia del suplemento publicitario de Fallas de cualquier diario de papel. Antonio Recio es un monumento al humor de Bernat i Baldoví, mientras los llibrets son la versión acartonada de un suplemento dominical.

Ya no es que la frivolidad se ha adueñado de la fiesta, como comenta en estas páginas Lluís Bertomeu (http://valencianews.es/opinion/falles-folles-fetes-foc/) es que es una frivolidad sin gracia, de cartón piedra, elevada a categoría de reglamento. No ha lugar al escándalo. ¿Se puede contar en una falla que los chinos han comprado las bares de calamares más tradicionales de Valencia? No. Eso es incorrecto. Nos hemos institucionalizado y solo podemos hablar de Rita y Fabra. ¿Eso es fallero?

Como siempre, el único soplo de aire fresco viene por esa cantidad de falleros que se toman la fiesta como tal, sin mayores trascendencias. Y se divierten. Hacen de la falla un motivo de fiesta y no una obligación para la fiesta. Y entonces cobra valor el motivo de la Falla, que no es sino celebrar que se acaba el invierno y llega la renovación con la primavera. Sin reglamentos y con el Mediterráneo como juez.

Jesús Montesinos
www.jmontesinos.es