EL AÑO DE MARIANO RAJOY: EL HOMBRE TRANQUILO

Mariano Rajoy, el hombre tranquiloMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal. Colaborador de NewsGrup

En estas veladas navideñas, he vuelto a ver la genial película de John Ford “El hombre tranquilo” y me ha recordado la peripecia de Mariano Rajoy este año que concluye. Lo comenzó Rajoy peor imposible, con un resultado electoral catastrófico, un gobierno en funciones y en fuga virtual, un partido desecho por la crisis y los escándalos. Pero Mariano tranquilo.

Como si no fuera con él la cosa (una tremenda pérdida de apoyo electoral, unos enemigos encarnizados cuya primera condición para llegar a algún pacto era el extrañamiento de Rajoy y un partido sacudido todos los días por algún escándalo), simplemente declinó presentarse a la investidura y se sentó pacientemente en la Moncloa -que ciertamente no es mal sitio para esperar un político- si no a ver pasar el cadáver de su enemigo, sí a ver cómo éste se estrellaba en sus propias contradicciones y era presa de un escenario dividido.

Lo único que unía a sus rivales era la crítica -cuando no la aversión- contra Mariano Rajoy y éste sabía, como estudioso de las leyes y de la historia, que una cosa es la mezcla y otra la unión. Que dos o más cosas dispares pueden mezclarse si una fuerza externa o las circunstancias las fuerzan a ello, pero nunca llegarán a unirse si sus naturalezas se repelen. Y entre las fuerzas que tenía delante había puntos de fricción suficientes como para impedir la unión.

Sólo tenía que ir tocando las notas clave para que los puntos de desunión se manifestaran y la caída de la construcción en su contra era segura.  Nunca habrán hecho los nacionalistas catalanes tan gran servicio a la derecha -o centroderecha- español como en este 2016 con sus envites por la independencia, ni las coaliciones socialpodemitas en alcaldías y otras gobernaciones con sus gestos laico antisistema.

Este cúmulo de errores en la oposición a Rajoy propició la imposibilidad de formar una alternativa mayoritaria al Partido Popular, pues los elementos moderados de Ciudadanos (casi todos) y del PSOE (una buena parte) no podían conciliar con Podemos y los nacionalistas independentistas (casi todos los nacionalistas a estas alturas). También propició una vuelta del electorado al voto útil del centro y -como en la pelea memorable que constituye la resolución de la película “El hombre tranquilo”, Rajoy se volvió a imponer en su partido y en las segundas elecciones a unos rivales duros de pelar.

Todavía quedaba un último escollo a su final feliz: la convicción en sus propias filas de que su apartamiento voluntario haría viable el pacto de investidura, incluso con los socialistas. Tampoco se alteró el tranquilo Rajoy y supo hacer de la paciencia su primera virtud y de la resistencia su gran fuerza. O yo o el diluvio (en forma de terceras elecciones) y poco a poco, con una tenacidad y una filosofía fuera de lo común, consiguió los pactos necesarios con los más próximos y los cambios precisos en los rivales divididos internamente, y resultó finalmente investido.

Ahora le quedan cuatro años complicados, pero no insalvables. Si maneja los tiempos y los estímulos en las negociaciones para gobernar, como lo ha hecho para llegar a gobernar, es seguro que terminará la legislatura. No se puede aventurar lo que vendrá después, porque no depende sólo de un partido, sino de cómo jueguen la partida los demás.

Pero una cosa es segura y nos sirve como epílogo de este año 2016: ha sido el gran año de Mariano Rajoy, el hombre tranquilo.

Mariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal