¿Alguien recordará a Fidel?

Enrique Arias Vega. Colaborador de Valencia News. Deconstrucción políticaEnrique Arias Vega. Colaborador de Valencia News. Deconstrucción política

Cuando la revolución castrista de 1958, Cuba era uno de los países más ricos de América Latina, con una pléyade de grandes médicos, juristas, escritores…

Bien es verdad que padecía la dictadura ignominiosa y cruel de un patán cuartelero, Fulgencio Batista, quien se enriquecía a costa de la penuria de sus compatriotas. Cambiado entonces el signo y las motivaciones de una dictadura por otra, casi 60 años después los cubanos se hallan entre los más pobres de Latinoamérica. No sólo están peor que los peruanos o panameños, sino también que los habitantes de islas caribeñas próximas, como Trinidad y Tobago o Bahamas.

La Revolución, pues, ¿para qué?

Para que se haya visto forzado a exiliarse el 20% de la población del país, manteniéndose una cohesión y un sometimiento internos producto de la ausencia de los opositores más críticos y más cualificados.

La prueba de que la penuria actual es culpa del régimen político y no de los ciudadanos es que los cubanos exiliados en Florida, por ejemplo, han convertido a ese Estado norteamericano en uno de los más pujantes y prósperos de su país de adopción.

Es obvia, sin embargo, la mitificación por algunos de la figura de Fidel Castro, maestro de la propaganda política, manipulador de emociones y experto en el marketing personal a la altura de los más brillantes demagogos. Pero ahora que ha desaparecido, que su ausencia propiciará seguramente la libertad de sus compatriotas, ¿quién se acordará en un futuro del hombre que retardó durante más de medio siglo la posible felicidad de sus conciudadanos?: seguro que nadie, salvo los ultras norteamericanos para quienes fue la perfecta coartada de sus prejuicios