9 d’octubre de 2015, ¿ha llegado el momento de los valencianos?

Bravo, doña GabrielaLa llingüística, com a ciència que és, no admet dogmes ni veritats absolutes. Els dogmes, açò és, la creença cega en un fet o fenòmen sense qüestionar-lo lo més mínim, són propis de les religions o de les més fanàtiques ideologies. Que el valencià és català pareix haver-se convertit per ad alguns en això, un dogma de fe. I no. Els llingüístes, com a bons cientifics, són els autèntics encarregats d’estudiar, contrastar , investigar i cuidar nostres llengües, no obedixen a dogmes ni criteris polítics, o al menys no deurien fer-ho. La qüestió de l’orige i denominació de la llengua que es parla en la Comunitat Valenciana sempre ha sigut motiu de disputa. Ha generat, i generarà interessos i recels polítics. El nacionalisme, -que sempre vol més-, dels nostres veïns del nort, sempre ha dibuixat a les terres valencianes com una extensió de la seua anhelada nacionalitat. Per a construir qualsevol nació, i este és el cas que ens ocupa i toca de prop, fa falta una llengua, una historia, i una cultura més o menys comú. ¿Recorden allò de que ‘qui parla alemany és alemany’? Puix una cosa així passa en la Comunitat Valenciana per lo que fa a la denominació de l’idioma propi de molts valencians. A bon entenedor, sobren les paraules. Ara, la sempre apelada Europa, a través del Consell d’Europa ha tornat a reafirmar-se en lo que és obvi: que el valencià és valencià. Ya ho digueren ilustres autors de la terra que va conéixer el que fóra el primer Segle d’Or d’una llengua en lo que posteriorment s’anomenaria Espanya. Ausiàs March, Joanot Martorell, Bonifaci Ferrer o Sor Isabel de Villena així ho deixaven patent, escribien en ‘llengua valenciana’. I així, segles més tart, tot un poble, i la seua voluntat (eixa mateixa voluntat que s’alega a l’hora de reclamar referéndums impossibles de segregació), seguixen demanant lo que el Consell d’Europa ha vingut a recordar: que el valencià és un idioma, per historia, per tradició i per voluntat del poble que l’usa, el seu autèntic propietari. CASTELLANO: Europa se reafirma: el valenciano sí es una lengua La lingüística, como ciencia que es, no admite dogmas ni verdades absolutas. Los dogmas, esto es, la creencia ciega en un hecho o fenómeno sin cuestionarlo lo más mínimo, son propios de las religiones o de las más fanáticas ideologías. Que el valenciano es catalán parece haberse convertido para algunos en ello, un dogma de fe. Y no. Los lingüistas, como buenos científicos, son los auténticos encargados de estudiar, cotejar, investigar y cuidar nuestras lenguas, no obedecen a dogmas ni criterios políticos, o al menos no deberían hacerlo. La cuestión del origen y denominación de la lengua que se habla en la Comunitat Valenciana siempre ha sido motivo de disputa. Ha generado, y generará intereses y recelos políticos. El nacionalismo, -que siempre quiere más-, de nuestros vecinos del norte, siempre ha dibujado a las tierras valencianas como una extensión de su anhelada nacionalidad. Para construir cualquier nación, y este es el caso que os ocupa y toca de cerca, hace falta una lengua, una historia, y una cultura más o menos común. ¿Recuerdan aquello de que 'quién habla alemán es alemán'? Pues algo así sucede en la Comunitat Valenciana con respecto a la denominación del idioma propio de muchos valencianos. A buen entendedor, sobran las palabras. Ahora, la siempre apelada Europa, a través del Consejo de Europa ha vuelto a reafirmarse en lo que es obvio: que el valenciano es valenciano. Ya lo dijeron ilustres autores de la tierra que conoció el que fuera el primer Siglo de Oro de una lengua en lo que posteriormente se llamaría España. Ausiàs March, Joanot Martorell, Bonifaci Ferrer o Sor Isabel de Villena así lo dejaban patente, escribían en 'lengua valenciana'. Y así, siglos más tarde, todo un pueblo, y su voluntad (esa misma voluntad que se alega a la hora de reclamar referendums imposibles de segregación), siguen pidiendo lo que el Consejo de Europa ha venido a recordar: que el valenciano es un idioma, por historia, por tradición y por voluntad del pueblo que lo usa, su auténtico propietario.

Sin querer dar nada por sentado, pero con toda la expectación posible ante el acuerdo alcanzado por todos los grupos parlamentarios esta semana en les Corts, al que también se está sumando la sociedad civil, parece que los tiempos de enfrentamientos fraticidas entre valencianos van amainando. No del todo, porque posiblemente sea imposible y tal vez, poco deseable. Pero a lo mejor, después de tanto tiempo, los valencianos comenzamos a madurar. No es el primer hito de estas características en nuestra larga historia como Pueblo, desde aquel lejano 1238, pero sí es cierto que nos ha costado mucho llegar hasta aquí. Así que ahora toca confirmar que ese es el camino, el de apartar la diferencia y buscar los nexos de unión entre todos nosotros. Los retos que nos plantea este aun joven y desconocido siglo no son para menos.

Sigamos el ejemplo de otros pueblos que sí han sabido caminar como un solo hombre o una sola mujer cuando ha sido neesario. Llegará el tiempo en que también toque abordar las diferencias pero siempre de puertas adentro y sin que sirva como excusa al foráneo para mirarnos con desdén, cuando no para descalificarnos y espetarnos aquello de “cuando os pongáis de acuerdo hablamos”. Ese tiempo debería haber pasado para poder alcanzar los mejores niveles de vida que con nuestro trabajo podemos conseguir. Para empezar tenemos un territorio, una geografía, un clima que es la envidia de toda Europa, un regalo de los dioses. Démosle valor, porque mientras la insidia habite nuestros hogares el éxito estará más lejano. Asentemos principios inamovibles para seguir avanzando en calidad de vida, en hospitalidad hacia el visitante o hacia aquel que decide venir a nuestra casa a compartir nuestro proyecto colectivo, en la solidaridad que nos enriquece a todos, en aquellos valores de humanidad que nos acerque a los pueblos más desarrollados del Planeta. Nos lo merecemos, después de casi 800, ha sido duro, pero aquí estamos, como un bendito crisol de cultura y razas que nos permitió forjar nuestra identidad propia. Tenemos mucho a favor y en días como el de hoy, el 9 d’octubre, bien está recordarlo. Seamos los valencianos, definitivamente, esa sociedad de cerca de 6 millones de ciudadanos que seguimos día a día reconociéndonos como de la misma gran familia.